Los principales problemas de México se han dejado de lado: la producción alimentaria y el agua

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Geopolítica

Gobernar infiere considerar muchos asuntos -de hecho son demasiados- porque mantener el orden que es la razón de fondo del surgimiento del estado moderno, fue una tarea que tomó mucho tiempo para alcanzar su nivel de estabilidad histórica; y si, a eso, se añade que desde 1867 el canciller alemán Otto Von Bismarck se comprometió a que el Estado asumiera la responsabilidad sobre los temas sociales, las tareas sociales desde entonces se han multiplicado para todos los gobiernos, que paulatinamente las han adoptado, México lo hizo hasta 1917 en el papel.

Pero las cosas se complican más para los gobiernos, cuando se multiplican los esquemas de derechos humanos llevados al extremo de caprichos, y se intenta reorganizar toda la operación del Estado bajo esos candados que limitan la acción de gobierno realmente. Pronto, de seguir así, será un derecho humano comer carne humana, mediante una normativa cien por ciento pervertida. Ya hay libros muy bien editados que defienden esa postura de maldad concentrada.

Pero esa tendencia a una interpretación cada vez mas libertina, es la innovación del siglo XXI, la agenda que han impulsado en los últimos años no sólo organizaciones como Open Society, del magnate George Soros, sino el Departamento de Estado y la ONU, que amenaza por medio de uno de sus funcionarios con sanciones para los países que no reconozcan la fantasía de más de cien aberraciones que le llaman de “género”.

Así que los nuevos formatos absurdos se entremezclan con los de verdadera justicia y se comen los recursos de tiempo, legales y de dinero.

Las prioridades entonces son otras y no los asuntos importantes para cualquier país.

Las presiones y la dinámica que heredan los que van a encabezar el gobierno en México, impiden analizar las verdaderas amenazas para los mexicanos y se colocan sobre todo, las tendencias expresadas, los objetivos electorales dirigidos y los intereses empresariales subsidiados, sean del tipo que sea y los gobernantes aunquen profesen la ideología que sea, tienen que someterse a esos proyectos del poder mundial, combinados con los de tipo partidista y de objetivo pecuniario. Para lo demás no alcanza ni el dinero ni el tiempo para atenderlos.

Por eso, los temas de primer orden, es decir, de orden vital como son los de producción de alimentos o las políticas del agua, entran como si fueran objetos secundarios de los enfoques mencionados que tienen una prioridad excepcional para la burocracia. Y si se trata de un proyecto -como todos- que al principio pretende ser transexenal, se trata de acomodar los factores de poder a la permanencia y se sacrifican proyectos necesarios por enfilar con recursos un proselitismo electoral.

Los empresarios a lo suyo, que es recibir apoyos excepcionales con el pretexto de traer divisas, lo que se queda en teoría, porque de esa manera los beneficiarios del comercio internacional, ponen sus utilidades de moneda dura fuera del país en los fondos y en la banca internacional. Así fue con el viejo TLCAN y lo será con el acuerdo binacional del que poco sabemos, pero que será el que rija la relación en materia económica con los Estados Unidos.

De esa manera los asuntos vitales no salen del sótano de las preferencias gubernamentales.

Pero el tiempo se va agotando y siguen pendientes procesos centrales de la estrategia de producción alimentaria. La infraestructura de las presas va agotando su tiempo de vida útil. Fueron grandes edificaciones, la mayor parte de ellas que se iniciaron a mediados del pasado siglo, que requieren tareas de desazolvamiento que impidan se quede taponada la obra de toma; presas útiles para la agricultura y el agua urbana, que siguen adoleciendo del mantenimiento básico, carecen de equipamiento; sus sistemas eléctricos piden a gritos ser renovados; cuando paradójicamente son las presas, las que mediante los mecanismos hidráulicos proveen de energía eléctrica a vastas regiones.

Se abandonan inversiones que traen tiempo sirviendo, dotando de beneficios a poblaciones enteras que poco se ocupan en analizar las condiciones actuales de las obras. Dan por hecho sus beneficios y jamás se preguntan en qué etapa de desgaste se encuentran, un pozo abierto en medio de un campo grande donde se van ahogar muchos niños, no uno solo como el del remedio del cuento.

Los objetivos de incrementar la alimentación para una población que crece, también siempre se posponen; las autoridades piensan que todos los excedentes de gente se van a la migración y que hay que importar la comida que nos vendan, así sea puro químico y polietileno disfrazados de alimentos. Pero la realidad es otra, México, por fortuna, es un país que sigue produciendo mexicanos.

Pero la amenaza malthusiana, o la neomalthusiana concretamente, que profesa que la humanidad acabará pronto por insuficiencia de alimentos, sigue el curso de la leyenda. El hecho es que no se han incrementado, de manera constante, los territorios de riego para los que se dotaron de presupuestos en el pasado en el estilo de fomentar prosélitos partidistas y no productores. Y sigue siendo necesaria la ampliación de siembra con certidumbre, es decir con agua asegurada .

Y es en este gobierno que empieza que deben darse los pasos con claridad. Para que opere ese esquema de producción alimentaria se necesitan escalar nuevas reglas de operación condicionada, que consideren las realidades y los fallos para evaluar alternativas, taponeando los fracasos que han sido muchos y constantes.

Se tiene que limitar el apoyo de subsidios temporales que se volvieron permanentes y amañados de parte de productores y usuarios de aguas concesionadas para la agricultura, a los que se les da todo, mientras que los de subsistencia no tienen salida.

El agua es lo toral para la alimentación autosuficiente y de exportación, no hay que equivocarse. Lo que han fallado son las prácticas que se centran en complicidades de grupo, los programas sin sanciones y la idea equivocada de que es de algunos lo que es de todos, como el agua.