¿AMLO cohabitará con los dictadores Maduro y Ortega?

Fausto Pretelin

Globali… ¿Qué?

 

La “no intervención”, en el siglo XXI, es una expresión polisémica cuyos significados son: indolencia, irresponsabilidad, valemadrismo, etnocentrismo, aldeanismo, involución, insolidaridad, ingobernar, apologismo a la doctrina Estrada, no ver más allá del ombligo, proclive a no reconocer las ventajas que detona la cesión de soberanía en búsqueda de la paz, entre otros.

El presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha repetido que los pilares de su política exterior serán: “la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales”.

La no intervención en asuntos críticos como lo son Venezuela y Nicaragua se traduciría en darle la espalda a la destrucción sistemática de las instituciones democráticas que con tanto ahínco llevan a cabo Nicolás Maduro y Daniel Ortega.

Óscar Arias, premio Nobel de la Paz 1987, le dijo al periódico La Razón que “uno puede invocar el respeto a la determinación de los pueblos cuando, en efecto, el pueblo de un país tiene una democracia moderna, pero éste (refiriéndose a Venezuela) no es el caso” (La Razón , 29 de agosto).

En muchos casos, a los políticos mexicanos les cuesta mencionar la palabra “dictadura”, quizás por cierto pudor, sin embargo, en los casos de Maduro y Ortega, sobran los motivos para calificarlos como tales. Maduro ha violado la Constitución al impedir que la Asamblea organizara un referéndum revocatorio; se inventó una Asamblea Constituyente con el único objetivo de empotrarla sobre la auténtica, la Asamblea Nacional; encarcela a opositores; ordena represión con balas en contra de manifestantes; controla al poder electoral; entre otros tics dictatoriales.

Daniel Ortega desapareció a la oposición desde la Asamblea; le seduce el nepotismo (sus hijos están al frente de varios medios de comunicación y su esposa, la hoy vicepresidenta, quiere relevar a su marido en el trono); ordena a grupos paramilitares la muerte de manifestantes; se ha dejado mimetizar por los rasgos dictatoriales de Somoza; y traiciona los ideales del sandinismo, entre otros tics pragmático-dictatoriales.

¿Qué hará Andrés Manuel?

Frente al debilitamiento de la OEA, la creación del Grupo de Lima proyectaba cierta esperanza para mediar la crisis venezolana. Fiel a la creación de agrupaciones espejo, a Maduro se le ocurrió crear la mesa de diálogo dominicano, mismo que, en primera instancia, el gobierno del presidente Peña le tuvo confianza, después corrió asustado por la farsa que encabezó el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

La llegada de López Obrador pone en duda el protagonismo de México en grupos como el de Lima. El propio secretario Luis Videgaray ha dado un paso atrás, escenario que el propio Óscar Arias describe de la siguiente forma: “A mí me duele que el gobierno de mi país, Costa Rica, no se haya unido a los países que están queriendo llevar al gobierno venezolano a la Corte Penal Internacional, y lo mismo diría de México”.

¿Por qué razón el gobierno de Peña Nieto puso freno de mano a la estrategia que llevó a cabo durante varios meses? El vacío de información de la cancillería obliga a pensar entre líneas. Ni modo: para bajarle el techo al presidente electo.

El miércoles, López Obrador escenificó lo que podría describirse como la recepción de la estafeta en la política exterior, en particular, en el caso venezolano. A la embajadora Lourdes Urbaneja Durant, cuyo jefe es el dictador de Venezuela, se le observó sonriente, muy contenta por la promesa de la no intervención.

Giuliani, a favor de la corrupción

Uno de los asesores estrella en materia legal de Donald Trump, Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York, le envió una carta al presidente y a la primera ministra de Rumania, Klaus Iohannis y Viorica Dancila, para alertarles que el trabajo que viene desarrollando desde el año pasado la Fiscalía Anticorrupción es un peligro para el Estado de Derecho del país europeo.

En el 2017, miles de manifestantes salieron a las calles de Bucarest y de varias ciudades rumanas para protestar contra la corrupción política. El cinismo del gobierno lo llevó a despenalizar casos de sobornos, decisión que tuvo que recular debido a las protestas.

La Unión Europea ha presionado a Rumania para que la lucha contra la corrupción no se quede en la retórica, mientras el Departamento de Estado de Estados Unidos ha aplaudido la actuación de la Fiscalía Especial. Pero ahora, y a manera “personal”, Giuliani advierte al gobierno que el trabajo de la Fiscalía representa un peligro.

Al haber actuado de manera personal, Giuliani rechaza que su postura sea la de Estados Unidos. Vaya inocentada de Giuliani. En realidad, un lobby le paga una buena cantidad de dólares para que el gobierno actual de Rumania se sienta acobijado por Estados Unidos.

¡Vaya mafioso, don Giuliani!

@faustopretelin

FUENTE: EL ECONOMISTA