La estafa de la Maestra

Jorge Zepeda Patterson

Pensándolo bien

La líder del magisterio Elba Esther Gordillo salió de la cárcel y Donald Trump llamó al presidente electo “un perfecto caballero”. Ambos casos son buenas noticias

Gordillo en su reaparición pública.

Los astros siguen alineados a favor de Andrés Manuel López Obrador. Con un par de días de separación la líder del magisterio Elba Esther Gordillo salió de la cárcel y Donald Trump llamó al presidente electo “un perfecto caballero”. En ambos casos se trata de buenas noticias y se suman a la extraordinaria racha de circunstancias que han pavimentado el camino del tabasqueño a la presidencia.

La primera, la excarcelación de Gordillo, porque tarde o temprano habría sucedido y qué mejor que pasara durante la Administración de Peña Nieto. La Maestra es un personaje estigmatizado por la mayoría de los mexicanos, epítome del enriquecimiento, de la corrupción y del corporativismo sindical. La acusación de la PGR en contra de ella fue motivada por la venganza política e instrumentada desde la presidencia; el caso fue montado obedeciendo más a la espectacularidad que a la consistencia jurídica. En 2013, para lograr una aprehensión fulminante, las autoridades la acusaron de delitos mucho más severos de lo que podían sustentar.

De acuerdo a sus abogados, los tribunales tendrían que haber liberado a La Maestra hace tiempo y no fue así por razones políticas ¿Por qué entonces ahora? Dentro de cuatro meses la exculpación de Gordillo habría impuesto una factura política al gobierno entrante. No podemos descartar que se trate de un gesto amistoso más del presidente que se va para beneficiar al presidente que llega, con el propósito de blindar un acuerdo de impunidad respecto de las irregularidades cometidas durante su Gobierno. Todo acto político tiene siempre más de una lectura, pero las decisiones políticas tomadas en los últimos momentos en que se ejerce el poder poseen una relevancia magnificada.

La declaración de Trump en la que dice preferir al caballero que viene por encima del presidente capitalista que se va, es música para los oídos de López Obrador. Ciertamente es más de forma que de fondo, pero en política y en mercados la apariencia es fondo. De entrada, el peso se fortaleció con respecto al dólar al tenor de las palabras del estadounidense. Cuán lejanos aquellos días durante la campaña cuando se temía que un triunfo del candidato de la oposición desencadenara un tobogán de inestabilidad, entre otras cosas, por el supuesto boicot de Washington y Wall Street a un gobierno de izquierda.

Pero las buenas noticias siempre entrañan su descomposición. Ambas tienen la potencialidad de convertirse en un beso del diablo. Gordillo y López Obrador coinciden en oponerse a la infortunada reforma educativa de Peña Nieto, y ambos harán lo necesario para terminar por defenestrarla. Eso los convierte en aliados (implícitos o explícitos, pero aliados). La Maestra, todo indica, recuperará el poder del sindicato y podría ser de una enorme ayuda para propiciar la reforma que López Obrador necesita. En otras circunstancias sería un recurso político invaluable. Pero no es el caso de Elba Esther. No solo porque es impresentable públicamente sino porque es incapaz de mantenerse a la sombra; su protagonismo estridente y autoritario, las ganas de reivindicarse, la convierten en un aliado incómodo por decir lo menos. Mucho me temo que su presencia (por no hablar del regreso del exilio del polémico Napoleón Gómez, líder de los mineros) provocarán que la Cuarta Transformación prometida por Andrés Manuel no pase por el vetusto y corrupto edificio del corporativismo sindical.

Por su parte, los gestos amorosos de Trump pueden convertirse en misiles en materia de días. Podemos dar por descontado que corteja a López Obrador con la obvia intención de favorecer su propia agenda. Su libro sobre el arte de negociar no deja lugar para las dudas. No obtuvo de Peña Nieto lo que pretendía; ablanda al que sigue con la esperanza de obtener ventajas (que difícilmente conseguiría). Pero ese capítulo apenas comienza. Coincidirán (al menos) dos años en el poder y ambos lo ejercen de manera voluntariosa. Son personajes tan impredecibles que podemos estar seguros que sus relaciones serán una montaña rusa. Solo queda abrocharnos los cinturones.

 

 

FUENTE: EL PAÍS