AMLO, ¡no jales que descobijas!

Raúl Rodríguez

 

Porfirio Díaz fue el gran maestro de la simulación. Una de sus máximas era: ‘acátese la ley pero que no se cumpla’. O sea, hazte güey fingiendo que respetas las disposiciones pero pásatelas por el arco del triunfo. La opinión pública parece empezar a apuntar en esa dirección al pedirle a AMLO que no haga muchas olas.

Que no le mueva a los sueldos de la burocracia, que no haya perdón ni olvido a delincuentes, que no toque el proyecto del aeropuerto, que no descentralice dependencias, que es una jalada lo de sus foros y la Constitución moral, que no designe un coordinador para cada estado.

Que sí aplique la Doctrina Estrada de la No Intervención pero que se meta en las crisis de Venezuela y Nicaragua, que sí combata la corrupción pero nomás tantito, que no prescinda de Los Pinos ni del Estado Mayor Presidencial, que termine con el guarurismo pero que no la chingue con andar sin escoltas, que quite pensiones a los expresidentes pero que no los descobije.

Me temo que México está evidenciando su gatopardismo. ‘Que todo cambie para que todo siga igual’. Que el nuevo gobierno no le mueva ni haga tantas olas; las cosas sí están colgadas de alfileres pero que no los quiten… ¿Entonces para qué fue el voto del cambio? ¿No que estábamos hartos del estatus quo? No que requeríamos cirugía mayor?

Un buen amigo me decía hace poco que Peña Nieto seguro se desentendió de la elección, la delincuencia, la economía, el TLC y de todo lo demás, al ver que la sociedad nada le reconocía ni le valoraba. “Ningún chile les embona”, expresó de hecho el presidente en 2017, reflejando su hartazgo por tener tan baja aprobación.

No estoy defendiendo a EPN (imposible). Sólo subrayo lo veleidosa, cambiante, acomodaticia y contradictoria que es la opinión pública, el monstruo de las mil cabezas. Peña es el presidente que más ha invertido en publicitarse, y es el más despreciado (incluso por la opinión publicada, esa que fue favorecida por el presupuesto de comunicación social). Si bien el Peje ha anunciado que no invertirá esos presupuestos orgiásticos en su promoción, lo cierto es que también puede verse traicionado por esa masa crítica, a la que nada le parece ni le acomoda, como ya estamos viendo.

Creo en ese sentido, que la gran contribución de López Obrador es que nos brinda una nueva expectativa, ganas de cambiar las cosas, ánimo reformador. Eso en sí mismo es algo refrescante en medio de tanta inercia, ineptitud y rapacidad. En eso -el manejo de expectativas- le veo mucha semejanza con Salinas, que llegó tumbando caña y revolucionando todo. Las cosas no le salieron del todo pero al menos nos legó el TLC (que ha mantenido nuestra economía a flote) y una reforma política que ciudadanizó las elecciones, dando pie a la alternancia del año 2000.

A AMLO seguro tampoco le saldrá todo bien pero por lo pronto nos invita a pensar en un México diferente. Démosle la oportunidad, sumémonos al cambio desde nuestras respectivas trincheras. El país requiere de un giro radical. Si no pues mejor reelijamos a Peña Nieto.