Tiene que parar AMLO el protagonismo de Olga Sánchez

Jorge Miguel Ramírez Pérez.

No es la presidente de México. Esa señora parece que nunca entendió que el sistema político presidencial no es un sistema parlamentario. Este modelo, el nuestro, es de secretarios, -ayudantes- del presidente, no de ministros, como en las democracias europeas, donde los ministros tienen ciertas libertades en torno a la agenda, siempre y cuando no se contradiga con la del primer ministro, porque los hacen dimitir.

Todavía la señora Sánchez no es Secretaria de Gobernación, ni sabe de qué se trata su verdadero trabajo en esa dependencia, como muchos de sus antecesores que tampoco se dieron cuenta, y ya le salió lo impositiva, arrogante e impopular.

La señora Sánchez, se supone que estaba curada de prepotencias por haber pasado por la Corte, que ya se ve que es pura faramalla; porque si ella fue presidente de ese poder, imagínese el México de la simulación que hemos estado viviendo y que se ratifica de manera cotidiana porque al llegar con los jueces, mejor que lo agarren confesado, porque puede ser culpable de nada o de todo, por decirlo absurdamente.

Y lo confirmo porque había una vez platicado con uno que fue presidente también de ese cuerpo y, según esto, nos ayudaba con su asesoría a una reclamación de recursos federales; y me salió con un argumento ingenuo en el que basaba su estrategia, pero por respeto, porque no soy abogado y por adjudicarle el beneficio de la duda, fui prudente. Lógico, nos batearon.

Así está esta señora que no sabe a ciencia cierta qué es la gobernación de un país y se agarra de activista, enarbolando la agenda de Hillary Clinton, amenazando con implantar el aborto a nivel nacional, seguramente por recomendación de Ernesto Zedillo, testaferro de los Bush, que junto con los Clinton se estuvieron haciendo el uno dos, por 28 años, incluyendo al demagogo Obama, hasta que se les apareció Donaldo, en persona, Donaldo Trump.

De todas las modas que el país ha tenido que apechugar por recomendaciones externas, es la del aborto, creo yo, la más criminal e inmoral por supuesto.

Aunque de esto último nuestros gobernantes sean omisos o entusiastas de la amoralidad más bien, como dijera uno de los filósofos del poder abusivo en México, Gonzalo N. Santos, que la moral era un árbol que daba moras.

Ésa es la línea que quiere establecer en Bucareli, todos los que no participaron en las revueltas juveniles en algún bando y ahora, después de vivir mascullando su miedo por años, se vuelven revolucionarios snobsen el estilo ignorante y pueblerino que se vivía en 1968. Sólo quema y quema en las islas, enfrente de la Facultad de Derecho, eso sí.

Porque si era una moda la mariguana, la rebeldía y el amor libre, en esos años, también se fomentaba el control natal, desde el Consejo Nacional de Población, oficina que, por cierto, se quedó con el paso del tiempo en Gobernación, como otras funciones en letargo, sin las prioridades, como cuando la impulsaron por consigna de los malthusianos que persisten en agendar toda aberración, para evitar que crezca la población tercermundista, aunque lo único que se ha detenido es el crecimiento de la población europea y estadounidense blanca.

En esas modas del siglo pasado, cuando el aborto no todos lo consideraban criminal, se discutía filosóficamente el tema, el ingrediente científico era consustancial al del ateo militante, y desconsiderado de la vida. En esos años la prioridad para todos eran las cosas, no las personas. Algunos hoy, hemos invertido ese orden. La ignorancia campeaba, ahora sabemos todos, con certeza, que el crimen en sentido estricto incluye hasta tomar la píldora de un día después, pues se mata vida.

Vida pequeñísima pero, al fin, vida.

Por eso es malo que entren muchos viejos al gobierno, no por la edad, sino porque traen traumas de reivindicaciones imaginarias que no se sostienen en ninguna forma racional de pensar y actuar. Muchos con Obrador traen esos resabios que creen todavía que son de vanguardia; poses extemporáneas de aquéllos, que por desconocer el mundo de hoy, no les han visto las etiquetas que dicen que ya caducaron.

Pero además, ella, esta señora que se dice será la de Gobernación, no puede seguir en campaña, porque ella no es candidata ahora; y menos con una agenda que el propio Obrador no procuró por cautela; y que no debería querer insertarla, cuando no ventiló el tema del aborto. Hubo, por el contrario, coladas en la alianza de Anaya que sí traían el asunto, obviamente perjudicando a su candidato irremisiblemente.

Obrador no le entró. ¿Porqué habría que entrarle ahora que ganó?

Porque una de dos, o le dijo Obrador que abordara el tema a su colaboradora y lo apoyara para no hacerlo él, porque es quemante políticamente y mejor que se queme la señora; o es un rollo personal, de una funcionaria que no sabe qué va a hacer allí y que se agarra de un clavo ardiendo que le va a quitar arbitraje político, porque nadie juega derecho con dados tan cargados.

Una lectura fría nos indicaría, también, que la señora Sánchez no será la encargada de apoyar la política interna del próximo presidente, sólo fue para vestirla, por su anterior investidura –pero le duró poco el gusto- y más bien, fue llamada para domeñar a los de la Corte, que por cierto mandaron a donde da vuelta el aire a Obrador, con lo de reducir sueldos. Es decir, la señora no pudo convencer a la “mafia del poder” judicial, siguiendo las clasificaciones de la nueva clase política. Y quien realmente será el secretario en funciones reales de Gobernación va a ser Alejandro Encinas.

Tal vez por eso se siente Tatiana tan desangelada, primero bajo la batuta de la ex ministro, y ahora al darse cuenta de que su jefe real será Encinas.