Venezuela: récord mundial de hiperinflación

Enrique Villareal Ramos

Contrapunto político

La hiperinflación es el aumento de más de mil por ciento anual en los precios o es un alza de más de 50% durante 30 días seguidos. El 23 de julio, el Fondo Monetario Internacional pronóstico para Venezuela que, a fin de año, la hiperinflación alcanzará el 1.000.000%, una cifra histórica, ya que rompe viejos récords inflacionarios, considerando, incluso, desde la que padeció Alemania en 1923. Después de la Primera Guerra Mundial, ese país sufrió de crisis económica, sublevaciones comunistas, separatistas y fascistas, y entre sus efectos estuvo la escalada inflacionaria: así, una libra de pan costaba tres mil millones de marcos o tres mil dólares, ya que un dólar equivalía a un millón de marcos. Si esto resulta escandaloso, en la escala de Hanke-Kwok sólo es el cuarto más grave, luego de Yugoslavia (1994), Zimbabue (2008) y Hungría (1946), nación que tiene el récord absoluto con una tasa de 41.900 billones por ciento (¡!), revelando que para la hiperinflación no hay límites. En América Latina, según este registro, la hiperinflación más alta (antes de Venezuela) se había presentado en Perú, cuando en 1990 llegó a 397%, si bien conforme a mediciones del Banco Mundial, la peor inflación anualizada ha sido la de Bolivia, con 23,443% en 1985.

Pese a lo exorbitante de estos porcentajes, la frialdad de los números no refleja el drama cotidiano de la hiperinflación para la gente: carestía generalizada y permanente de alimentos, medicinas, agua, gas, etcétera, filas kilométricas para comprarlos (su precio se eleva mientras se adquieren, y hasta se duplica en menos de un día), y se requiere cargar grandes sumas de billetes o metálico (la moneda se devalúa hasta tornarse inservible). Para Venezuela, el récord hiperinflacionario está implicando: que se busquen alimentos en los basureros; constantes apagones y racionamiento de gas; la ausencia de transporte público (90% está fuera de servicio); la falta de dinero en efectivo obliga a conseguir papel moneda a un precio tres veces mayor a su valor nominal (sólo se puede retirar diario del banco 10 mil bolívares en efectivo), y que se dolarice la economía; el salario mínimo y los bonos de alimentación llegan a cinco millones de bolívares al mes (equivalentes a un dólar), cantidad insuficiente para comprar una lata de atún o un kilo de arroz. En el 2017, con un billete de 100,000 bolívares (el de más alta denominación) se podían comprar cinco productos de la cesta básica, ahora sólo una fotocopia o un pan dulce o un huevo…

Ante esta catástrofe económica y humanitaria (más de tres millones han emigrado desde 1999 y siguen huyendo por miles), el gobierno de Maduro, para frenar la hiperinflación, decidió eliminar cinco ceros al bolívar, y la nueva moneda, el “bolívar soberano”, estará anclada al petro (criptomoneda, ligada al petróleo). El problema de estas medidas monetarias es que no tienen respaldo económico, financiero y credibilidad. La volatilidad del mercado negro de divisas y la misma hiperinflación provocan que la nueva moneda se devalúe antes de que circule; la producción de crudo ha caído a la mitad, y bajará del millón de barriles diarios a fin de año, la deuda externa ronda los 170 mmdd, y el FMI proyectó una caída del PIB de 18% para este 2018.

Al igual que con las libertades, la estabilidad macroeconómica se valora sólo una vez que se pierde. El chavismo funcionó mientras gozó ingresos extraordinarios, lo que no es el caso de México. Sin pretexto alguno, debe cuidarse la disciplina fiscal y monetaria, y no disparar más el endeudamiento público.

ENTRETELONES

Finalmente, Maduro reconoce el fracaso del modelo económico.

                Twitter: @evillarrealr

FUENTE: EXCÉLSIOR