Embelesados

Federico Reyes Heroles

Embeleso: “Estado de la persona que siente un placer, una admiración o una alegría tan intensos que no puede pensar ni sentir nada más”        La seguridad mejorará en el corto plazo, 65 por ciento. ¿Y la economía? También mejorará, 67.4 por ciento. Tranquilidad es el sentimiento que la elección de AMLO le provoca al 60%de la población y seguridad al 57 por ciento. La alegría invade al 62% y la felicidad casi al 63% (Consulta Mitofsky).

No sé si el embeleso como estado individual se pueda trasladar a una nación, de ser ello posible, estamos embelesados. Qué bueno que el estado de ánimo de los mexicanos esté de fiesta, el problema está en la propia definición, la admiración y la alegría son tan intensas que no se puede pensar.

Esta radiografía del estado de ánimo confirma el carácter emocional de la elección mexicana, que ya está inscrita en una creciente lista que comienza en el Brexit, pasa por Trump, Turquía, Hungría, Polonia, Italia y otros. La población votó por la encarnación visible de un mesías o algo cercano y le confirió todo el poder posible para que gobierne a sus anchas. Se desnudó así la añoranza presidencialista que está arraigada muy en el fondo de la cultura política de los mexicanos. Así se explica el endiosamiento con ciclo de vida sexenal que se vivió con el priismo durante largas décadas. Pero hay algo nuevo.

Lo revelador de la elección es que, durante cuatro décadas, vivimos una vana ilusión democrática que se alimentaba de las bondades de los contrapesos, de la sustancia esencial de la doctrina, de la solidez del andamiaje partidario, del voto razonado y cruzado, de la alternancia como pócima necesaria para el buen devenir de esa tensa forma de vida en la que se debate, se argumenta, se gana y se pierde siempre sobreponiendo la legalidad a las diferencias. Pero, de pronto, un hombre que ostenta su cercanía con AMLO y AMLO con él, Alejandro Solalinde, el sacerdote, declara, con toda nitidez, frescura y cierta candidez, que de haber habido fraude “…se preparaba un movimiento armado”. El asunto merece atención.

“Pensé que habría fraude electoral —declara el sacerdote que ha hecho de la defensa de los migrantes su razón de vida—, pero por sorpresa no fue así”. Qué información alimentó su mente como para tener esa sospecha. Cualquiera que haya vivido las elecciones más recientes sabe de la complejidad y solidez del aparato electoral mexicano. Hablar de fraude es inaceptable en alguien medianamente informado que debe saber que las elecciones se apoyan en millones de ciudadanos. Luego entonces un fraude sólo sería posible con la complicidad de millones de mexicanos que participan en las distintas instancias el día de la elección y jornadas posteriores. Y qué decir del carácter público de todas las discusiones, del profesionalismo del INE, de la solvencia de funcionarios y consejeros. ¿Sorpresa que no hubiera fraude?

“Mi percepción es que había muchas cosas preparadas para un enfrentamiento armado”. ¿Con base en qué se forjó esa percepción? Quizá el padre sabe algo que no fue público. “Nunca lo había dicho, pero se estaba preparando algo serio”, agrega en la entrevista a El País. ¿Serio implica armado? Hay entonces un grupo de mexicanos que sólo con el triunfo de López Obrador se mantendrían en paz. ¿Lo sabe el próximo Presidente? De ser así, lo primero que tiene que hacer, antes que descentralizar o construir refinerías, es pacificar a sus huestes, desarmarlas si es el caso. Quiere esto decir que la polarización como estrategia de campaña envenenó a un grupo al grado de pensar en la vía armada. ¿Quiénes son, dónde están? ¿Para qué ha servido todo el esfuerzo democratizador de décadas, si la pasión electoral por un candidato rompe de tajo todo el proceso civilizatorio?

“Pero, ¡oh!, sorpresa —continúa el sacerdote—, el pueblo se volcó a las urnas para decir ‘quiero el cambio’ y López Obrador va a ser un pastor que va a dar la vida por sus ovejas”. Ahora se entiende el embelesamiento, no se decidió por un presidente, sino por un pastor, alguien que dará la vida por sus ovejas, son suyas. Es la imagen no ya de un presidencialismo revivido, sino de un redentor que puede cambiar la seguridad en el corto plazo, que ha traído alegría y felicidad en cuestión de horas, aunque los muertos sigan. Por eso el manejo emocional desbocado que llevó a unos a pensar en las armas que es el retorno a la barbarie, por eso las descalificaciones, los ataques, los insultos, las actitudes misóginas, antijudías de todos los días en las redes sociales hacia comentaristas y periodistas que discrepan del nuevo gobierno. Alicia Salgado y Raymundo Riva Palacio, entre otros, lo han denunciado.

La elección de 2018 cultivó el enojo, la furia, la barbarie para que llegara el pastor que no pareciera tener la intención o la capacidad de controlar a sus desbocadas huestes. Embelesados, vivimos entre veneno.

FUENTE: EXCÉLSIOR