De Zague y otras indecencias

Raúl Rodríguez

Ahora que Paola Rojas está tramitando su divorcio de Zague recordé a la ‘sociedad del espectáculo’ -como llamó Vargas Llosa a la Humanidad del Siglo XXI- y pensé que todos deberíamos subir a las redes sociales contenidos íntimos, para acabar con el bullying digital. Adelantarnos al escarnio.

Quizá cuando todos aparezcamos en pelotas o cometiendo actos propios de nuestra condición humana, se acaben los sucesos tragicómicos como el del Príncipe Harry desnudo en Las Vegas, Winona Ryder robando en una tienda o éste último de Zague que, paradójicamente, alborotó no a la comunidad gay sino a los machos pamboleros, lo que tendrá alguna explicación freudiana.

En ese gran ensayo del Premio Nobel peruano la idea es que la nota roja, el amarillismo, el escándalo, el chisme y el morbo llegaron al prime time a nivel mundial y desplazaron cualquier otro contenido de calidad. La dictadura de la banalidad. Como fórmula de entretenimiento suena bien, el problema es que las dosis excesivas de sangre, sudor y lágrimas estupidizan a las audiencias, generan desmovilización social.

Importa más el encueramiento de una persona que privatizar el agua.

Es grave cuando aceptamos como individuos y sociedad sólo consumir contenidos chatarra, porque se vulnera la creatividad de los niños y jóvenes, la defensa de los intereses nacionales, el discernimiento sobre las prioridades sociales, por no hablar de que permite además expoliar países, invadir economías, medrar con bienes públicos, explotar comunidades.

Hablando de pelotas, la del futbol nos une. Debo confesar que soy de los que no se entusiasman por copas, ligas, liguillas, federaciones y cuanta madre conlleva ese negocio. Me aburre. Será porque el deporte favorito de mi papá era el box y jamás me inculcó otros, pero reconozco que la pasión del soccer recorre sociedades enteras, contribuye al sentido de pertenencia y motiva a la juventud. La sociedad se cohesiona durante los mundiales.

De ahí que celebro con entusiasmo los triunfos de nuestra Selección, no por su valor cuantitativo en el tablero de Rusia 2018 sino por su significación en el imaginario colectivo mexicano. Es decir, me da esperanza el hecho de que en nuestro subconsciente como sociedad, contemos ya con ese otro referente de éxito nacional, colectivo, generacional, que antes no tuvimos.

Cuando creces sabiendo que nunca hacemos un papel relevante en ninguna justa internacional, pensamos que así son las cosas. Sobre todo cuando le decíamos ‘ratoncitos verdes’ a nuestros seleccionados. Pero cuando compatriotas como la actual selección han demostrado que si se puede, nuestros jóvenes centenials y millennials ven natural y obvio el éxito. En esta gran contribución para nuestro inconsciente colectivo, incluyo a Isaac Hernández, un chavo mexicano catalogado como el mejor bailarín del mundo este 2018, y al Chicharito Hernández, con su célebre arenga: “¿Por qué no pensar en cosas chingonas?”.

Pensar así implica dejar de fugarnos de nuestra cruenta realidad cebándonos con Paolas Rojas y festejando a los Zagues que hay por ahí. Coadyuvemos a que los nuevos mexicanos, los que vienen detrás, sepan que sí se puede triunfar. Démosles el ejemplo de tolerar, del respeto a la intimidad, el pensar más allá de la vulgaridad en turno.