Cada día se ratifica el PRIMOR como el pacto cupular que acabará con la democracia (primera parte)

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Geopolítica

Antes de la contienda oficial por la presidencia y en diversas etapas durante ésta, insistí que todo el proceso se iba resolver bajo la fuerza de una alianza necesaria para el poder: Enrique Peña se inclinaría decisivamente a favor de López Obrador.

Muchos no lo creyeron y pensaron que ese Pacto de Impunidad como posteriormente le llamó Anaya, era un argumento sin asideros. Les parecía una puntada sin lógica, que no encuadraba con lo que dicen y se dice de los políticos, generalmente desconsiderando objetivamente lo que sí hacen. Más aún, sin poder concebir las razones subjetivas que son las determinantes en las voluntades -aunque muchos lo duden- de quienes detentan el poder.

Y aunque ahora son menos los que dudan esa amalgama, siguen algunos sin entender sus causas, porque sus parámetros son los esquemas de difusión popular que hablan de izquierdas y derechas, de partidos distintos y de personajes en apariencia sin coincidencias. Todos factores aparentes y secundarios para la realpolitik. Por eso, las equivocaciones de la gente persisten cuando se implantan las dictaduras y no llegan a percibirlas hasta que tienen un collarín de acero en el cuello.

La primera consideración, la ideológica se sustenta en la cosmovisión que cada persona y su grupo político tienen en común.

Aunque valga decir que las utopías que se preconizan al principio con vehemencia incluso, cuando se está en el poder parecen intolerables. Eso fue lo que en 1602 experimentó el calabrés Tommaso Campanella que al terminar su obra: ”La Ciudad del Sol” una visión idílica de la sociedad en prisión, lejos de ayudar a su liberación lo condujo a cadena perpetua en Nápoles, porque los perfeccionismos a fin de cuentas para los que están en la silla del poder salen sobrando.

Una visión simplista de la implantación del capitalismo en México, nos reduce a entender que durante los últimos cien años, hubo regímenes con sistema cerrado, paradictatorial; es decir, autoclausurado y etapas, en las que las fuerzas del intercambio externo generaron una incorporación parcial, pero creciente hacia la economía de mercado, mejor conocida como capitalismo.

Durante estos cien años México se mantuvo como un “sistema cerrado”, para que las élites no tuvieran competencia externa y pudieran consolidar el proceso revolucionario: desmovilizaron a los obreros con las centrales CROM-CTM, al ejército con el PNR; desmovilizaron a los campesinos con pretexto de la guerra cristera e inventaron la CNC, con el PRM; y se apoderaron de toda la burocracia con el PRI. Controlaron las importaciones y las exportaciones, para crear dominios; pero por supuesto que las excepciones de la regla, eran las exportaciones controladas por Estados Unidos fundamentalmente como era y es el petróleo.

Con Miguel Alemán, Carlos Salinas y con Enrique Peña hubo repuntes del capitalismo y la economía se amplió; la industrialización, la apertura económica comercial y finalmente la apertura a la explotación sin restricciones constitucionales fueron los resultados.

En los tres casos, los costos de la incorporación a la modernización económica y al mercado mundial; tuvieron después de su implantación, frenos. Ruiz Cortines limitó el endeudamiento externo e inusualmente lo revirtió, el intermediarismo del coyotaje oficial recibió una carga letal.

El avance fue uno con Alemán y de ahí hasta Salinas, no hubo otra élite que surgiera en esa visión de sustitución de importaciones. El modelo con De la Madrid estaba agotado y la crisis financiera,  condujo a plantear la apertura y a suprimir la falta de competitividad de los industriales sobreprotegidos.

Salinas accedió a la economía mundial y empezaron los cambios estructurales, para acomodar a una dinámica mundial, la lentitud e incompetencia del país. Los precios del petróleo fueron el soporte financiero durante la vigencia del TLCAN. Es decir, hasta hoy.

Zedillo sin la honestidad de Ruiz Cortines destazó la integridad financiera del país, y resolvió la especulación de Aspe-Bentsen, cuando dispararon los tesobonos del límite internacional de 35 mil millones, hasta cerca de lo doble; colocando en el mercado secundario la deuda mexicana, que se adquirió por peanuts; y México tuvo que pagar  los 20 mil millones de dólares que le autorizó el congreso de EUA, en fast track  con el pago directo de las exportaciones de petróleo a los acreedores; y además Zedillo, impulsó el Fobaproa para cubrir el saqueo de la banca con el dinero de los contribuyentes.

Fox y Calderón como Zedillo no pudieron sacar las reformas estructurales de la segunda etapa. Por eso llegó el PRI, que estaba en terapia intensiva. Lo revivieron con Peña Nieto para que se firmaran los cambios e históricamente se inscribiera México en la economía-mundo.

Aunque diga José Ángel Gurría jefe de la OCDE y Santiago Levy, asesor de Obrador que faltan más reformas y más gandallismo fiscal, en realidad el cambio que se tiene que hacer es interno, en el gobierno, no en la sociedad. Ya está México en el capitalismo de lleno; y nadie, que se oiga, nadie, lo va a parar en ese tema, ni Obrador.

Entonces no hay contradicción dijeran los marxistas, porque el sistema económico no está en juego. Ya no es un asunto doméstico.

Sencillamente lo que hace falta es consolidar cambios al interior del gobierno y en eso coinciden Obrador y muchos críticos que sin embargo, no ven viable como lo va hacer.

Es que esos cambios, que analizaremos, llevan a instaurar una dictadura anunciada, desplazando a la democracia, en lo que coinciden  los asesores del gobierno que viene, con muchos priístas y por supuesto con Peña Nieto, que ven a la democracia como dijo aquél Consejero de Seguridad Nacional de Gerald Ford, Brent Scowcroft, “la democracia es una moda, ya pasará”. En eso Obrador también cree.

Así que, por si usted lo dudaba, allí está la primera gran coincidencia; tanto Peña como Obrador detestan la democracia -paradójicamente- aunque se hayan visto beneficiados por ella.