La carta

Jorge Berry

Todos sabemos que la política exterior no es el fuerte de Andrés Manuel López Obrador. En todos sus años en campaña, rara vez se pronunció sobre el tema, y cuando lo hizo, reafirmaba una vaga versión de la Doctrina Estrada, reafirmando la autodeterminación de los pueblos, y hasta ahí. Por ello, el 2 de julio se vio avasallado y vacilante ante las llamadas de felicitación de jefes de Estado y de Gobierno, y la inseguridad que sintió lo obligó a echar mano de su carta más fuerte: Marcelo Ebrard.

Ebrard tiene la experiencia administrativa que le falta a casi todo el gabinete que ha dado a conocer AMLO. Si bien su paso por relaciones exteriores fue breve (40 días) e intrascendente, trabajó años para Manuel Camacho, viejo zorro de estas lides.

Como el miembro más visible del nuevo gabinete, no todo ha sido felicidad para Ebrard. Más allá de la carga que llevará encima por su cuestionable participación en el asunto de la Línea 12 del Metro cuando era jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, ya tuvo su primer resbalón en el nuevo encargo: fue captado en una fotografía viajando en primera clase en un vuelo Washington-México. Pueden haber muchas explicaciones (usó sus millas, la aerolínea le otorgó el cambio, pagó con su dinero) pero para una administración que no ha empezado, que fue electa en primerísimo lugar por sus promesas de anticorrupción y austeridad, que ya está bajo cuestionamientos serios por el uso partidista del fideicomiso para la reconstrucción, no puede darse el lujo de cometer una insensibilidad política como la de Ebrard.

En la famosa llamada telefónica del 2 de julio, descrita tanto por Trump como por AMLO como muy “cordial”, se coló un concepto que preocupó a los negociadores del TLCAN, y a Canadá en particular: López Obrador abrió la posibilidad de celebrar un acuerdo bilateral integral con Estados Unidos. Esa idea le es muy atractiva para Trump, que detesta las alianzas. En la visita de Pompeo y otros altos funcionarios de hace unos días, el asunto no se mencionó, lo que hace pensar que Ebrard y posiblemente el equipo económico de AMLO lograron hacerlo rectificar. Esto quedó aclarado al darse a conocer el contenido de la carta enviada por AMLO a Trump, donde como principal propuesta, plantea la necesidad de firmar cuanto antes el nuevo TLCAN.

Dadas las difíciles circunstancias que Estados Unidos enfrenta en el ámbito internacional, es un gran momento para ese planteamiento. Estados Unidos proyecta una gran dificultad para entenderse con sus principales socios europeos y asiáticos, y firmar el TLCAN permitiría a Trump revertir esa imagen. Gran punto a favor de Ebrard.

Pero luego viene el ya famoso ‘último párrafo’. Lo transcribo íntegro: “En cuanto a lo político, me anima el hecho de que ambos sabemos cumplir lo que decimos y hemos enfrentado la adversidad con éxito. Conseguimos poner a nuestros votantes y ciudadanos al centro y desplazar al establishment o régimen predominante. Todo está dispuesto para iniciar una nueva etapa en la relación de nuestras sociedades sobre la base de la cooperación y la prosperidad. Hagámoslo.”

Decir que Trump sabe cumplir lo que dice es mostrar un profundo desconocimiento de los acontecimientos políticos en Estados Unidos. Trump ha sido un presidente que divide, que discrimina (a los mexicanos en particular) y que odia. Fuera de incrementar bárbaramente el gasto militar y reducir impuestos, aunque sólo a los más ricos, no ha cumplido nada de lo que prometió, empezando por el muro. ¿Así será la administración de López Obrador?

Espero que ese párrafo se haya redactado como estrategia, estimulando el ego del sicópata del norte, para intentar que nos deje de usar como piñata cada vez que necesita un cambio de narrativa. AMLO y Ebrard deben estar conscientes que el tipo no es de fiar. Si le resulta conveniente, todo su entusiasmo por una nueva relación con México se puede ir a la basura. Por ello, la urgencia de firmar el TLCAN. Papelito habla.

Ojalá AMLO sepa que no es ninguna gracia parecerse a Trump, como su carta sugiere. Yo mismo, y varios periodistas más hemos escrito sobre las similitudes entre ambos personajes, y es un tema que preocupa, no que halaga. En cualquier caso, la ecuación en Estados Unidos puede cambiar en noviembre, si en las elecciones intermedias los demócratas obtienen mayoría en una o ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos. Para entonces, AMLO ni siquiera habrá tomado posesión, otro motivo por el que urge cerrar TLCAN, al que los demócratas no ven con tan buenos ojos.

El martes en la tarde llegó la respuesta de Trump. Es obvio que no leyó la carta de AMLO, y que le encargó a algún ayudante la redacción de la respuesta. Sólo digno de comentario, es el hecho de que se confirma que a Trump también le corre prisa el firmar el TLCAN. El resto de la respuesta parece tarea de secundaria escrita al vapor.

Ahora, o nunca.

FUENTE: EL FINANCIERO