“Ya no hables de política…”

Raul Rodríguez

Decía Winston Churchill: ‘no conozco peor sistema de gobierno que la democracia, excepto por todos los demás que existen’. Algo sabía del tema este hombre que como primer ministro británico enfrentó múltiples movimientos totalitarios: el comunismo, el anarquismo, el nazismo, el franquismo, el fascismo.

En Occidente predominan las democracias participativas, es decir, aquéllas donde la sociedad tiene una participación activa y cuyos mecanismos incluso están previstos en las leyes. Eso supone que los ciudadanos están al tanto de los temas del barrio, del municipio, de su región y del país.

En México no somos así. Le aventamos la bolita a los políticos y el resto del tiempo nos quejamos de que todo esté mal. ¿Acaso le apuestan en esta ocasión a que Tata López Obrador se encargue del descomunal tiradero en que se halla México, mientras los demás seguimos en nuestro rollo?

No lo digo en plan idealista. Existe el riesgo real de que la sociedad vuelva a desentenderse y dejar en manos de la autoridad, el destino que nos es común a todos. Ya lo hicimos con Salinas, por ejemplo, quien bajo la promesa de modernizar al país incurrió en excesos que nos llevaron a la peor crisis económica del siglo. Nadie supervisó ni hizo contrapeso a las iniciativas del salinismo, que por lo mismo terminaron en desastre.

Luego con Vicente Fox, la nación entera le aventó la responsabilidad de transformar desde La Silla al régimen político en su conjunto, mientras todo mundo se acomodaba para seguir manteniendo sus canonjías y privilegios.

El sexenio foxista recibió un superávit de 100 mil millones de dólares gracias al precio del petróleo, que se fue a las nubes con la guerra de Irak. Nuevamente nadie se tomó la molestia de supervisar las acciones del presidente y su equipo y ese dinero que nadie preveía que recibiríamos, se diluyó en puro gasto operativo de la federación y los estados, o sea en sueldos, bonos, corruptelas y así. Ese descomunal monto habría servido para eliminar el déficit de camas hospitalarias, el rezago en educación básica, construir refinerías y demás, pero al no existir supervisión todo se diluyó entre las alcantarillas del poder.

Hoy pareciera que al darle mayorías absolutas a López Obrador en todos los sentidos, la sociedad mexicana podrá por fin volverse a desentender de la tragedia que nos envuelve. Total, si llevamos 200 mil muertos en la guerra al narco, si la economía informal ya supera a la formal, si amplias regiones del país están fuera de control, si los huachicoleros desafían al Estado en todas partes, ya tenemos un presidente y un puñado de legisladores federales que se encargarán de todo…

Lo que no acabamos de entender -y es a lo que AMLO nos debería convocar en su toma de posesión- es que para salir de esta pesadilla nacional se requiere de una gran movilización cultural que abarque todos los segmentos poblacionales de todos los niveles socioeconómicos y de todas las generaciones adultas de este país.

El cambio lo que todo mundo espera de AMLO en realidad depende de que todos lo encabecemos juntos, al unísono y desde el lugar que cada uno ocupemos en la sociedad. Así que cuando te digan que ya no hables de política, te están pidiendo en los hechos dejar tu propio destino en manos de terceros.

No hay que dejar de interesarnos en la cosa pública. Es un crimen sólo participar cada seis años. México, nuestro querido México, merece nuestro involucramiento diario, más allá de la urna.

*Analista político y escritor
@rodriguezrraul