El Proyecto Centralizador de Obrador

Jorge Miguel Ramírez Pérez

“Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
No sea que después que hay puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar”
  Lucas 14: 28-30

Una revolución que se presume como tal, como el mencionado “cuarto movimiento”, quiere construir su propia utopía, y está destinado a derruir los vestigios del esquema precedente.

Una vez iniciado el proceso deconstructivo, se empieza en paralelo a cimentar el nuevo proyecto. Pero en la medida que se pretende avanzar, crecen dos impedimentos: los intereses reales y la incapacidad de enfrentarlos. Si no hay experiencia sobrada, siempre sucede de esta manera.

Marx un personaje siniestro del siglo XIX como Lenin, que compartía la radicalización de la mecánica destructiva, eran partidarios como Mao, Hitler o Mussolini hasta eliminar físicamente a los intereses de poder que les antecedían.

Obrador como los estrategas del Pacto de Sao Paulo, plantea teóricamente ahogar políticamente a los que considera del antiguo régimen, que hoy no se sabe a ciencia cierta quienes son; y una forma es, despojándoles de la capacidad de mimetizarse en las estructuras subnacionales.

Obrador no ha de querer repetir el error de Fox: dejar a los gobernadores con mas poder.

Fox en un acto de flaqueza, sucumbió al concederles que la vigilancia de los recursos federales vía las aportaciones y otros fondos, casi el 50% de los ingresos; estuvieran bajo la férula local, por decirlo de algún modo, sin vigilancia, para que hicieran y deshicieran.

Por lo visto lo que quiere el amo de Morena es derrumbar lo que considera el poder feudal de los gobernadores, que en muchos estados, se convirtieron en jefes de bandas consolidadas al saqueo del dinero público.

El detalle como lo señalé la semana pasada, es la regresión al modelo centralista, a una lucha de hace 200 años. Obrador quiere un enfoque central por encima del federalista; que aunque muy imperfecto, permitía que el poder no se concentrara en una sola mano; ese mecanismo pragmático se inspiraba en la frase de Lord Acton, que: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Por eso, lo que se quiere en la propuesta de desaparecer las delegaciones tiene varios objetivos adicionales a lo exiguo de ahorrar dinero: por un lado, quitarles los cargos a los representantes de los secretarios en cada entidad, para que las alianzas con los poderes locales no se produzcan. Se trata de aislar a los gobernadores electos, restarles poder.

Y por otra parte, al nombrar operadores en la figura de Coordinadores de Desarrollo en cada entidad, se repite la mecánica de controlar la designación de beneficiarios de los programas; como en el pasado la figura del COPLADE y del PRONASOL, que engendraban gobernadores a modo, con la variante de que no habría ningún otro interlocutor entre las bases morenistas, -los únicos beneficiarios- y el Coordinador que haría el papel de enlace directo con Obrador, y también de gestor ante éste y Hacienda, de lo que se pudiera hacer.

Éste Coordinador en su papel intermediario; tendría además la operación de giras para inaugurar obras, en el supuesto que pudieran hacerlas, para que la masa reconozca exclusivamente, a Obrador como su valedor.

Y como México con esa votación masiva sepultó a la democracia y lo peor, entregó su soberanía a una persona; cometió traición así mismo, como la calificaría el filósofo Spinoza. Porque le cedió a uno solo, todos los controles ejecutivos, congresionales, estatales e incluso municipales; y no se los va a devolver.

Entonces los Coordinadores, que ya son conocidos como procónsules, se van a apoderar teóricamente de la estrategia y decisiones de los congresos locales también.

Si se logran estos movimientos, se habrá derrumbado el poder federalista precedente.

En lo destructivo hay la llevan.

Aunque el impedimento de la novatez de los coordinadores será un factor determinante, para equivocar las sendas.

Así que no está claro que se pueda estructurar la parte constructiva, porque además se van a a encarecer las operaciones con la descentralización de la administración pública, en todo el país, que es paralela. De hecho, no tienen para dos rubros básicos en ese tema: las indemnizaciones y la logística.

Todos los procesos del dinero se van a centralizar en Hacienda y la confusión en lo que se acomodan con tanto rebumbio, se va a instalar para quedarse; en parte por la lucha de los sindicatos y los pleitos derivados de los derechos laborales; y en parte porque el desplazamiento de las élites locales por los empresarios y contratistas de la Ciudad de México, donde se decidirá todo; va a enfriar la economía de los estados y afectar lógicamente el empleo. Para entonces los gobernadores que son clave en el combate a la inseguridad, sujetos a los jaloneos y mermado su poder ¿qué harán? Es pregunta.

¿Quién se hará cargo de las manifestaciones de los burócratas desplazados o que se quedaron sin oficinas?, ¿O es que serán contratados otra vez para ser empleados de los procónsules?

Sin dar más detalles, es probable que para marzo Obrador sepa si termina su proyectada torre de poder o se arrepiente. Su iglesia política dice que seguirá adelante, como todo tirano que se precie. En contra de la lógica.

Porque como se sabe, el jefe no admite observaciones. Sencillamente dice: “la decisión ya fue tomada”.