La transición obradorista. Una maniobra para aumentar su poder

 Jorge Miguel Ramírez Pérez

Geopolítica

No hay plazo que no se cumpla y la transición que siempre ha sido un trámite sin trascendencia en la administración pública mexicana, parece ser que esta vez tiene ingredientes que hacen que las cosas parezcan en realidad irse para un lugar diferente de lo que se conoce.

Hay que anotar algunas de esas innovaciones o intentos para que se amolde la burocracia a lo que quiere López Obrador y que pocos le entienden, empezando con sus fanáticos que, en su naturaleza, se ven imposibilitados a razonar algo que no sea recibir los beneficios soñados.

Una decisión en materia de administración que tiene fondo, infiere después de casi doscientos años de lucha entre el federalismo y el centralismo, que se opte por la propuesta originalmente de los conservadores del siglo XIX: una república centralista.

Eso no quiere decir que se va a cambiar la Constitución para que se borren la palabra federalista, sino sencillamente no se va a tomar en cuenta esa identidad orgánica y se va a transitar en un control del centro, como en los países comunistas y en las dictaduras en general, que prefieren optar por esa mecánica autoritaria y concentradora, para que pocas manos decidan. De hecho dos, las de Obrador -según se dice- para evitar burocratizaciones y malos manejos.

Ojalá se lograran evitar y no solamente se acumule el poder y los beneficiados políticos y empresariales, sean los que tienen los nexos con la única cabeza de la pirámide, es decir, con Obrador.

El dinero, las obras y las compras serán materia de la oficina central de Hacienda a nivel nacional, bajo la estricta determinación del Presidente.

Hay más… todo indica que van a a desaparecer las delegaciones federales en las entidades.

Se trata de reducir la burocracia y el gasto corriente. Muchas dependencias, es cierto, duplican los trámites que resultan repetitivos en las áreas desconcentradas. No es mala idea, sólo que allí la bronca es con los sindicatos principales protectores de los que no hacen mucho, por no decir que nada.

La más relevante, controlar al gobierno de los estados, mediante un funcionario plenipotenciario, actuando como virrey con opinión en la inversión pública como contraparte de los gobernadores de las entidades.

Lo quisieron hacer Calderón y Peña, el primero al crear las delegaciones de Gobernación que, en un principio, pretendían, bajo el mando de Mouriño que despachaba todavía en Los Pinos, mantener un flujo de informes abrumadores y que acabaron por coordinar simples “presentaciones” de las dependencias. Y el de Atlacomulco, tratando de crear una red de mirandistas que no prosperó y que tampoco mostró interés, por hacer un trabajo serio para controlar a los propios delegados del gobierno federal y la gestión de los recursos.

En este caso, Obrador quiere intentar algo más fuerte, porque ya delineó el perfil de los 32 protogobernadores: se requiere ser obradorista al cien, y tiempo acreditado en el movimiento; de hecho ya dio el ejemplo con la señora Delfina Gómez, como cuña para Del Mazo en el Estado de México.

No muchos pueden apuntarse y eso también implica que serían, a la vez que rivales de los gobernadores no obradoristas, coordinadores de los congresos locales donde Morena tuvo una presencia inusitada. Súmele que serán los operadores políticos de recursos, para ser la cadena de trasmisión con Obrador, que seguirá en campaña por el país, ya que Hacienda se encargará de la administración pública y Alfonso Romo de los paquetes de beneficio empresarial.

Por último el programa desconcentrador de oficinas, para nada descentralizador como le dicen, si es que tienen dinero para las indemnizaciones y la logística. Va a implicar tener a la vez un miembro del gabinete en 17 entidades, es decir, algunos estados tendrán tres figuras fuertes: el gobernador constitucional estatal, con estas maniobras disminuido; el protogobernador o procónsul manejando las opiniones de la distribución de los recursos y coordinando masas, giras de Obrador y a los diputados locales afines; y el del gabinete que en la ciudad, región o estado será determinante y también rival de los poderes locales.

Dirían los conocedores que tres grillazos para cualquier estado es mucha anarquía, conflicto y desunión.

Pero eso… es a toro pasado. Esa es por la opción que votaron y ahora a empezar a caminar descalzos en el fuego… ¿o no?