Todo el poder

Carlos Elizondo Mayer-Serra

 

López Obrador será el presidente con mayor poder político desde los años setenta, cuando triunfos como el de Morena el domingo eran la norma. Ese amplio poder tendrá, además, una legitimidad democrática impensable durante la época clásica del PRI

AMLO ganó en todos los segmentos de edad y en todos los niveles educativos. Entre quienes tienen estudios universitarios o más, obtuvo el 55 por ciento de los votos. Triunfó en todos los estados, excepto en Guanajuato. Ganó, además, con un enorme entusiasmo entre sus seguidores.

El 77 por ciento de sus votantes desea un cambio (goo.gl/NGVE34). El cambio inmediato fue la aplastante derrota del PRI, que corre el riesgo, en palabras de Trotsky, de irse “al basurero de la historia”.

Todo el poder es toda la responsabilidad. El país se dirigirá hacia donde AMLO quiera. Será crucial saber cuáles son sus prioridades y cómo las piensa lleva cabo. Si tiene éxito, éste será suyo. Si no, el fracaso también será suyo.

Hay pocas dudas sobre el alcance de su poder. Una, los diputados y senadores electos el 1 de julio se podrán reelegir por primera vez en la historia. Fue la eliminación de la reelección de legisladores en 1934 lo que permitió al presidente del país controlar a su partido. El futuro de los legisladores dependía de él, y no del electorado o de las fuerzas políticas locales. Quizás tengan cierta autonomía estos recién electos legisladores, pero sospecho que sabrán que AMLO determinará quién consigue nuevamente la nominación de su partido.

Creo que Morena no ofrecerá resistencia alguna. El partido depende de él como nunca sucedió antes con los presidentes surgidos del PRI. No se lo prestan 6 años, como era la práctica.

AMLO podrá cambiar las leyes sin preocuparse por la oposición ni por su coalición. Reformar la Constitución será algo más complicado. La coalición de AMLO no alcanza las dos terceras partes de los votos en ambas Cámaras necesarios para modificarla; requiere del apoyo de dos de los partidos pequeños: MC, PVEM, PRD, o de uno de los hoy medianos, PRI o PAN. El PAN obtuvo el 42.93 por ciento de los diputados que ganó Morena.

El PRI, PAN y PRD, derrotados de forma abrumadora, entrarán en una disputa por su liderazgo. Esto hará a la oposición aún más frágil.

Ayer, sin embargo, con los empresarios del CCE, AMLO dijo que no utilizará su mayoría para gobernar autoritariamente. Buscará siempre el consenso.

Con todo, el espacio para imponer su visión de país será muy amplio. El presupuesto federal regresará a ser una decisión del Ejecutivo. Los gobernadores no tendrán fuerza para resistir cambios de fondo en la creciente distribución de recursos hacia las entidades, proceso que inició en 1997 cuando el presidente Zedillo perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. Es una oportunidad de oro para mejorar la calidad del gasto y desaparecer programas inútiles. También lo es para mejorar tantas leyes parchadas reflejo de las negociaciones entre grupos con visiones e intereses distintos.

Ahora bien, ese cambio, ha dicho AMLO, es para echar atrás el modelo económico neoliberal de las últimas tres décadas y buscar regresar al desarrollo estabilizador, el modelo de crecimiento de los años sesenta, cuando había un país muy distinto al de ahora.  Había sólo 35 millones de habitantes en 1960, de los cuales el 49 por ciento habitaba en el campo. Cerca del 40 por ciento del PIB lo generaba la Ciudad de México. La economía estaba cerrada, es decir, no se podía importar libremente nada. El gobierno daba los permisos para hacerlo, en función de una estrategia de industrialización, y para premiar a sus amigos. El tipo de cambio era fijo y los mercados financieros no reaccionaban en minutos ante una mala noticia. Buena parte de la sociedad estaba organizada corporativamente a través de sindicatos, asociaciones de campesinos, empresarios, ambulantes, taxistas, lo que fuera.

Ante la falta de oposición política, la mayor restricción hoy para migrar a ese modelo es la realidad. ¿Cómo determinar precios de garantía a los granos sin cerrar la frontera con Estados Unidos al paso de granos? ¿Cómo hacer valer la promesa de revertir la Reforma Energética (promesa matizada conforme fue avanzando la campaña) con la complejidad que implica la extracción de las reservas que le quedan al país? ¿Cómo hacer universal la educación superior sin erosionar la calidad de las universidades públicas? ¿Se puede enfrentar una crisis de seguridad con una ley de amnistía y con la mera ampliación del gasto social?

Hoy tenemos un México indiscutiblemente democrático, pero con un poder hegemónico. Este poder, bien usado, puede validar las esperanzas de quienes votaron por AMLO. Mal usado, puede llevar a políticas absurdas y a una centralización asfixiante dependiente de las intuiciones de AMLO en la toma de decisiones.

Todo el poder es la oportunidad de enfrentar vicios históricos. Pero conlleva también el riesgo de replicar los peores errores del PRI hegemónico de los años setenta.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

FUENTE: EXCÉLSIOR