La impunidad, prioridad de AMLO y Peña

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Es y será para los corruptos, la impunidad una asunto de seguridad personal que se escala como si fuera un tema de seguridad nacional. En esa prioridad se construyen los planes para saltar con garrocha a la justicia, con la fuerza del opositor vendido o del empleado agradecido.

Lo que acabamos de escribir el lunes acerca de la valiosa intervención de Peña para favorecer a Obrador, ayer culminó en esta etapa con un acto que se quiso manejar como apoteótico; donde casi textualmente tomados de la mano, como amantes liberados de su amor oculto, se pasearon con miradas furtivas Peña y Obrador para hacer terso el cambio de estafeta y sin vergüenzas, mostrarse como son, aliados sólidos tras los acuerdos inconfesables.

Peña ha de haber pedido ser actor principal de esta puesta en escena que les salió muy aplaudida y hasta gloriosa, donde el público, ya engañado el domingo, hoy no vale nada. Y han de decir: “de una vez que se den cuenta de lo nuestro…”.

Y a bailar todos, -se ha dicho- y los que votaron ahora tienen que aceptar que ganaron porque querían algo distinto, pero no atinaron a entender que lo amorfo venía con los mismos de siempre. No leyeron las advertencias que sí existieron, porque, eso sí, hubo libertad de expresión de manera extensa, pero también hubo de manera consecuentemente lógica “la libertad a no enterarme de lo que me haga pensar”.

Y a lo hecho pecho.

Enrique se está carcajeando de todos: para comenzar se van intactos, él y sus cuates. Se quedaron con su cacicazgo, el Estado de México; evitaron la cárcel; todos se van a gastar las paladas de lana sin problemas y, en un descuido, los cómplices que se disfrazaban de gobernadores o los dejan de perseguir o salen, como declaró el sucesor de Yunes Linares, Cuitláhuac García que lo de Javier Duarte le pareció excesivo.

En unos meses, el morenista se va a tener que dar cuenta del tamaño del hoyo, porque, lo que es hoy, ya le mandó el recado público al hampón de Duarte que va a salir.

En lo que respecta a los gabinetes estatales, Obrador les va a nombrar a los gobernadores ganadores, todos los cuadros superiores y medios; muchos serán de la Ciudad de México, para operar; y que no existan evidencias en la aldea de las maniobras sucias de las coperachas y moches a los sueldos, como suelen operar.

Y Peña feliz, cambió su semblante.

Con una sola jugada dejaron de existir en el mundo de la crítica, tanto los locutores avenidos a analistas políticos, como las encuestadoras que, aunque no se equivocaron, como era mi deseo, perdieron credibilidad; y las autoridades electorales y jurisdiccionales en la materia, se vieron inútiles.

Hay que sumarle las aberraciones de los gastos de los partidos políticos sin justificación, que se fueron a los bolsillos de los dirigentes.

Son los escasos bienes que surgen del triunfo Peña-obradorista descontando, por supuesto, la extinción de partidos políticos de un solo hombre o de una sola mujer, que ya no completan las cifras, y hoy se va a confirmar esta tendencia. Sería bueno que se le aplicara también por ser un movimiento unipersonal al Morena, pero hay que advertir que esas estructuras insaciables, aunque deberían dejar de existir por ahora les sirven al poder.

Pero para el mando, las dificultades de México, no sólo no van a modificarse sino se van a hacer todos los esfuerzos para que la impunidad prospere y las garantías de coordinación en lo pre-electoral, como en la etapa oficial deban ser correspondidas.