PRI-Morena. La alianza de Peña con López Obrador

Jorge Miguel Ramírez Pérez

 

Tal como lo señalé hace más de un año, cada día se fue conformando la alianza del gobierno peñista y la candidatura de Obrador. En cada parte del proceso se vio una decisión mayor, muy masticada y lógica. Lo escribimos, pero parafraseando a Edmund Burke, reaccionaron tarde los que pudieron hacer algo a tiempo y no lo hicieron.

Para los que analizamos considerando realidades y quitando la paja a lo que no trasciende en lo político, afirmamos que siempre es lo más importante para los adictos a la corrupción su impunidad; y luego de esa prioridad: ninguna. Ahora Meade se entera en carne propia que nunca fue tomado en serio, como lo señalamos, que en todo caso le darían un cargo de finanzas en la negociación con Obrador.

Su trabajo siempre fue alentar lo imposible: que México olvidara los agravios de Peña y sus gobernadores; pero sobre todo, llegado el momento reconocer a Obrador para quitarle la mínima posibilidad a Anaya. Ya cumplió con ese triste papel.

Desde que surgió se evidenció el partido Morena, como obsequio del régimen de Peña como pago a su traiciones al PRD, desde la elección hace siete años que dio como resultado el triunfo de Eruviel Ávila; y recientemente como consecuencia del acuerdo, el mutis estratégico, al cederle a los de Atlacomulco lo que Delfina Gómez había ganado en las urnas.

Pero sobre todo le dieron el beneficio de la interpretación amañada de los actos anticipados de campaña por la friolera de 18 años, que le permitieron a Obrador con la complacencia instruida al INE, recorrer los pueblos sin futuro.

Con esa facilidad de las autoridades administrativas y jurisdiccionales electorales Obrador se aventuró con las prerrogativas, a ofrecer todo y a la vez nada. Siguió el ejemplo demagógico de Lázaro Cárdenas, el que nunca les resolvió algo a los de abajo, que en su caso eran los campesinos; pero como dijo Enrique Krauze, cabizbajo pareció que los escuchaba.

Así Peña le fue entregando el poder a Obrador, sobre todo al golpear al único opositor: Ricardo Anaya, cuando iba en franco ascenso, mediante el uso de amedrentamientos de tipo persecutorio.

Todo se hizo para consolidar un muro de protección a la debilidad de su banda, que descubrió datos y maniobras con alto riesgo para el que se suponía era el jefe.

El asunto que queda, es saber los montos de los adeudos y la viabilidad financiera del corto plazo. Porque si no hay para pagar la nómina y las calificadoras empiezan a imponer los acuerdos de los covenants , ¿haber si se respeta la impunidad?