Nuevo gobierno

Macario Schettino

Fuera de la Caja 

Es difícil escribir un texto en la noche de la elección, porque la información es escasa, pero va creciendo minuto a minuto, de forma que cuando usted lea estas líneas, habrá datos muy diferentes de los que puedo conocer ahora que escribo. Pero hay que hacerlo.

Lo primero que conviene hacer notar es que las encuestas, en lo general, estuvieron en lo correcto. Ya podremos afinar mejor en la semana y ver qué casas encuestadoras fueron más acertadas, pero el promedio de ellas (como el publicado por oraculus.mx, Nación321 y otros) se acercó bastante a los resultados preliminares. Lo mismo podemos decir de las elecciones locales: el triunfo del Frente en Guanajuato, Movimiento Ciudadano en Jalisco; y Morena en Ciudad de México, Morelos, Chiapas y Tabasco fue previsto por las encuestas. Y también esos mismos instrumentos anunciaban elecciones cerradas en Puebla, Veracruz y Yucatán, como hasta este momento parecen ser.

A nivel nacional, la ventaja de López Obrador de 20 puntos parece que se materializará, aunque no puedo precisar su magnitud porque el conteo del INE será demasiado tarde para este texto, y como cualquier conteo, está sujeto a error. Es posible que cuando usted lea estas líneas el PREP ya haya terminado y esos resultados sí serán muy cercanos a los oficiales, que se conocerán después del miércoles. Ocurre algo similar con los resultados para el Congreso, y con mayor razón para los congresos locales, que recuerde que serán de gran importancia. En cualquier caso, lo que se sabe en el momento que escribo es que entramos a una nueva época en cuestión política.

López Obrador, que no tiene un conocimiento muy profundo de la historia, insiste en afirmar que se trata de la cuarta transformación: Independencia, Reforma, Revolución, han precedido este momento fundacional de México. Más allá de la arrogancia, conviene recordar que la Reforma no es parte de esa secuencia, sino de otra: Reformas borbónicas, Reforma liberal y Reformas estructurales. El triunfo de López Obrador es histórico, sin duda, porque cierra el tercer intento de modernización de México, de la misma manera que la Independencia y la Revolución lo hicieron con los dos intentos previos.

Le debe su triunfo, me parece, a ese gran movimiento global de rechazo a la política tradicional que también ha dado frutos en el mundo desarrollado: el Brexit y Trump tienen ese mismo origen. Se trata de una respuesta popular a un sentimiento de indefensión producto de la transformación tecnológica. No es un tema económico, ni mucho menos. No es reacción al incremento de la desigualdad, como se cree.

Por lo mismo, tengo la preocupación de que las soluciones que AMLO tiene para México no coinciden en absoluto con los problemas reales. Como es sabido, su discurso se concentra en el tema de la corrupción (y eso está muy bien) y en el rechazo a la economía global (eso está mal). Ofrece que su gobierno será honesto, en parte por su ejemplo y en parte por milagro, me imagino. Y sus soluciones para la economía consisten en un gobierno más intervencionista y una economía más cerrada. Eso no va a ser bueno.

En cualquier caso, eso han decidido los mexicanos, y lo hicieron con una muy amplia votación y con un margen muy holgado a favor de López Obrador. Y cuando el soberano habla, los demás obedecemos, de forma que no queda más que felicitar al triunfador y a su equipo, y continuar insistiendo en que el camino que nos ofrecen es equivocado. No harán caso, porque los resultados de la votación alimentarán la soberbia. Pero es exactamente lo que tenemos que hacer, y es lo que hará esta columna, mientras pueda.

FUENTE: EL FINANCIERO