Lo que vimos en las urnas fue en realidad una insurrección popular

Raúl Rodríguez

Millones de mexicanos se van a dormir cada noche sin saber si tendrán algo que comer al día siguiente. Son lo que las estadísticas llaman “en extrema pobreza”. TÚ y yo no los comprendemos porque si tenemos hambre nos vamos a Sanborns u ordenamos un rico panqué marmoleado de Starbucks.

Los jodidos y nosotros habitamos mundos diferentes que además se excluyen. La pobreza huele mal, es antiestética y nada cool. Hay otros no tan pauperizados pero casi: las familias que viven con 4 mil pesos mensuales (esos que el panista Cordero decía desde su arrogancia, que perfecto alcanzaban pa’ vivir).

A esos millones de mexicanos es a los que AMLO se dedicó a hablarles durante 18 años, desde que arribó a la Jefatura de Gobierno del DF. Muchos analistas se rasgaban las vestiduras, al advertir que su apoyo a la Tercera Edad descuadraría las finanzas de la ciudad. Hoy todos los gobiernos -federal, estatales y hasta municipales- lo emulan.

Lo que no entendemos las clases medias, los empresarios, los chilangos y quienes habitan las cien ciudades más grandes del país, es que hay ese otro México dolido, postrado, derrotado, sin expectativas. Jóvenes en plenitud que no encuentran escuela ni empleo y ven cómo sus padres dejan la salud en chambas extenuantes, sin detener el deterioro de sus vidas. Campesinos, jornaleros, indígenas, migrantes y pobres urbanos, que llevan esperando desde el sexenio de Lázaro Cárdenas que les llegue la justicia revolucionaria. Ayer les llegó.

Es la hora de los pobres. Pero no sólo los de este país. También se insubordinaron los pobres de USA apoyando a Trump (los red necks) y la clase trabajadora inglesa con el Brexit, entre otros. Es la ola antiestablishment mundial producto de las “benditas” redes sociales, que le han abierto los ojos a esa gente jodida en todo el planeta. Peligroso despertar porque se han dado cabal cuenta de su condición y sobre todo, de su valor político.

A esos millones de jodidos aquí se sumaron otros millones de clasemedieros hastiados de los Duarte, los Borge, Odebrecht, socavones, gasolinazos, Ladys Profeco, casas blancas. Eso explica que AMLO haya roto su techo histórico y haya arrasado ayer. Ni juntando los votos de Anaya, Meade y El Bronco (28 millones) alcanzan a los del Peje (32 millones).

Todo lo anterior no significa sin embargo que haya consenso en torno al proyecto de Nación obradorista. Morena debe entender que quien perdió ayer fue el PRIAN más que haber ganado la izquierda. Eso significa que su arrollador mandato está colgado de alfileres en el sentido de que dependerá de los resultados que vaya dando. El principal error de AMLO en las últimas horas es, quizá, no haber empezado a reconocer que tomará tiempo cristalizar su proyecto. El Estadio Azteca y el apoteósico discurso del triunfo en el Zócalo eran excelentes oportunidades para decirlo.

Dos errores más: ni en el Hilton ni en el Zócalo, el futuro presidente tuvo una sola mención para las fuerzas armadas (las que han mantenido a raya la ola de horror que nos azota). El segundo error: desaparecer el CISEN (nuestro FBI). Todo Estado requiere servicios de inteligencia para preservarse. La terca realidad habrá de recordárselo.

Pero en general veo a un hombre bien intencionado, con profundo amor a México, que merece la oportunidad de sacarnos adelante. ¡Démosle nuestro apoyo! Seamos críticos y vigilantes pero generosos.

@rodriguezrraul