Lo que queda del día

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Viene la veda y se supone que es el tiempo del espacio de reflexión. Las escaramuzas oficialmente –subrayo-, estarán confinadas a las redes y a los resquicios que las leyes electorales fuera de toda lógica, continúan en la pretensión de tapar el sol con un dedo. Sus interpretaciones literales, sin atender el espíritu de la legalidad que les dio origen, hacen que lo absurdo como es una campaña de 18 años, pase de la misma manera que una de menos de seis meses.

Con esas irregularidades que califican en la práctica como nimiedades, los consejeros y magistrados descalifican la simetría entre candidatos, en un proceso plagado de reglas hasta el cansancio, pero que absurdamente otorgan mucho dinero de los contribuyentes a partidos y candidatos, recurso que sirve solamente para tomarles el pelo a los patrocinadores en la mayor parte del proceso.

La maquinaria del INE es monstruosa y los intereses de esa burocracia insaciable hacen incosteable lo que queda de democracia y ese, hoy, es el tema.

Porque en principio la democracia como la nuestra, que no puede caminar sola porque fue diseñada desde arriba, sigue la pauta de la ineficacia al grado que, en un descuido institucional, este domingo potencialmente es capaz de autodestruirse invocando un llamado al viejo autoritarismo, aunque el de hoy es más harapiento que el anterior.

Se aduce la tiranía de un solo hombre como mejor sistema y nadie dice nada, porque las facilidades a simular una democracia tercermundista de los consejeros inútiles y su nula acción, por frenar ofertas antidemocráticas ni siquiera pasó por su cabeza.

En pocas palabras no hay quien defienda la democracia en el INE, porque a la letra tendría que decirse una barrabasada para tipificarla en el criterio de la pobreza leguleya. Si no es explícito pedir el voto, entonces no hay impedimento, porque el cerebro de los votantes está vacío, de acuerdo con los consejeros y magistrados que los cientos de actos anticipados de campaña, no son campaña política hasta que no se pida el voto, ¡hágame el favor, semejante patraña!

En ese protocolo de absurdos es que hoy precisamente cuando todo se prohíbe, es cuando también empieza la verdadera campaña, la de la defraudación vía dinero al puro estilo meadista y la de la amenaza de generar un levantamiento, como propaga desde hace 18 años el obradorismo, -lobos con piel de oveja-, más bien piel de borregos, para que les sigan los que son de esa especie por vocación, al abismo de la negatividad gregaria como religión de la escalada del averno.

Y las Fepades y órganos electorales costosos, se verá que no hacen nada ante los operativos criminales, ni simularán preocupación siquiera.

Y no es chiste. Como para salir con la baba que así somos culturalmente. No somos. Sencillamente se les oculta a los demás lo que está en juego; porque cuando ven el precipicio cerca, los ciudadanos reaccionan.

Este proceso dejó ver también las incongruencias de fondo de las ideologías y no se vale decir que no las hay, porque existen, las racionalicen o no. Y por eso, más un diseño andrajoso de la democracia operativa que no paró los poderes caciquiles de los sindicatos y de los gobernadores, ubicándolos en su realidad con límites, hacen necesario un nuevo sistema de partidos, porque este no dio para más, de hecho les dio mucho más a los partidos de un solo hombre, de una sola voluntad personalista. Y no se vale.

Pero creo que el papel manipulador grave fue el de los locutores avenidos a analistas de la política, los de siempre que con base en su propia moral, si es que puede llamarse tal, juzgan a los que participan, y con flagrancia, desconociendo procesos internos de los partidos y la historia de los procesos, se erigieron bajo el disfraz de moderadores o entrevistadores en soeces críticos sin esquema, sin teoría, sin herramientas culturales de la política, ante un público que les reprueba, no dieron el ancho y creo que han usurpado una crítica que no les pertenece.

Y en ese batidillo que no supo manejar el INE, léase Peña, lo ganado desde 1968 que se cayó.

Lo que quede, si queda la democracia enunciativa como espero y no es sustituida por la farsa populachera de una dizque democracia por aclamación como pretende el promotor de tiranías, Pablo Gómez, para que sean asambleas a conveniencia las que definan el quehacer público: teatros a cielo abierto que definan demagógicamente dónde, con quiénes y cuándo, por encima de las leyes e instituciones. La democracia verdadera debe ser revisada a fondo, y debe ser el objeto de una nueva forma republicana que pondere exclusivamente los valores de la democracia y no los de la antidemocracia y el oportunismo.