Las 8 razones por las que como milenial, aunque quiero un cambio, no quiero el de Morena

Alexa von Wobeser

Soy una mexicana que ha vivido en una posición afortunada y estoy dispuesta a renunciar a cuestiones económicas para ser parte de una sociedad más equitativa.

 

Muchos de los que apoyan a AMLO argumentan que quienes no lo hacemos es porque no queremos renunciar a los privilegios que tenemos. Pero se equivocan. Yo soy una mexicana que ha vivido en una posición afortunada y estoy dispuesta a renunciar cuestiones a económicas para ser parte de una sociedad más equitativa. Además, cabe decir que si ganara Morena, la probabilidad es que mi trabajo aumentaría.­­ Entiendo que los mexicanos que se encuentran en un estado de pobreza estén desesperados por mejorar su situación, y que existe un sentimiento generalizado de que “no tienen nada qué perder”. Pienso distinto: sí tienen mucho qué perder.

Lo que más me gustaría para mi país es que quien quiera salir adelante pueda hacerlo con base en trabajo y estudio. Aquí, el 43.6% de los habitantes vive en estado de pobreza y 7.6% en un estado de pobreza extrema. Esto es que 53.4 millones de personas viven con por lo menos una carencia básica (como rezago educativo, acceso a seguridad social, servicios básicos en la vivienda) y 9.4 millones de personas viven en pobreza extrema, con tres o más carencias básicas. Esto es inaceptable, y como mexicanos hemos fallado profundamente.

Para que existan igualdad de oportunidades y justicia social es necesario terminar con la corrupción endémica que nos aqueja. Porque si todo se hace “por debajo de la mesa” no estamos en una igualdad de circunstancias y las reglas del juego nunca serán claras. Estoy harta de corrupción y de la impunidad en nuestro país. Estoy muy harta.

Coincido con AMLO en que los problemas fundamentales de México son la pobreza y la corrupción. Pero hasta ahí llega mi empatía con este personaje que ha aparecido en la boleta presidencial desde que tengo edad para votar.

  1. Mi voto nadie lo va a ganar con un discurso emocional.

El discurso político de AMLO se aprovecha del enojo de los mexicanos, y no ofrece propuestas sólidas y realistas a cambio. Y sabemos que el discurso político emocional e irracional no es nada nuevo: lo han utilizado Donald Trump, Hugo Chávez, Rafael Correa y Adolf Hitler, entre otros. Yo no puedo votar por alguien que pretende manipular a los mexicanos con lo que más nos duele: la pobreza, la corrupción y nuestra sensación de desesperación.

  1. México ya intentó la izquierda, y no funcionó.

Muchos no nos acordamos, pero México intentó la “izquierda” en la época de Luis Echeverría (1970-1976) y de José López Portillo (1976-1982), y los resultados fueron catastróficos. Simplificando lo que ha pasado en nuestro país en los últimos 30 años, desde Miguel de la Madrid, la macroeconomía de nuestro país se ha ido saneando, y gracias a presidentes como Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (sí, también este último), hemos mejorado. Hemos crecido muy mediocremente, y por nada del mundo celebro este crecimiento mediocre, pero hemos avanzado. Empezando porque mi generación no conoce realmente lo que es una crisis económica.

México no tiene una propuesta de izquierda seria, pero si la tuviera, esta implicaría un aparato estatal más grande y una mayor burocracia. Si tenemos un problema serio de corrupción, una propuesta de izquierda económica no podría funcionar en México (o en cualquier otro país donde los habitantes no tengan el más mínimo sentido de lo que es el “deber ser”).

  1. El modelo económico funciona.

Lo que tienen en común todos los últimos presidentes de México es que aunque ha existido alternancia de partido, no ha existido alternancia en nuestro modelo económico. En México tenemos un modelo de libre mercado, con mínimas restricciones como la competencia económica, la protección al consumidor, y la protección de los trabajadores (que en nuestro país es muy importante). Esto permite la atracción de inversión extranjera, la generación de empleos y la posibilidad de que más personas tengan acceso a un mayor número de bienes y servicios a mejor precio.

  1. El gasto público no respaldado genera inflación.

Románticamente suena muy bonito darle un sueldo a los “ninis” y una renta básica a la gente que no tiene suficientes ingresos, pero el gasto público que no está respaldado por la creación de bienes y servicios genera inflación. Creemos que no podríamos estar peor, pero nadie de mi generación sabe realmente lo que es una inflación del 200% o tenerle que quitar ceros a nuestra moneda.

Subir arbitrariamente el salario mínimo afecta a las pequeñas y medianas empresas e incentiva la informalidad en el empleo, afectando principalmente a quien menos tiene.

  1. Subir el salario mínimo arbitrariamente incentiva la informalidad laboral.

A mí también me encantaría que todos los mexicanos tengan un salario digno, pero los salarios se determinan finalmente por las leyes del mercado —con crecimiento económico real— y no con reformas legislativas. Las políticas que fomentan el mercado negro y la informalidad impiden que la gente pueda convertir sus activos en capital (pidiendo un crédito al banco, por ejemplo), y esto necesariamente se traduce en restricciones a la movilidad social.

  1. No se puede redistribuir la riqueza si no hay riqueza qué distribuir.

Cuando mis papás eran jóvenes, las empresas estatales fabricaban las bicicletas, los compases; no había libre mercado, y no había importación de muchos bienes. Quien quisiera comprar una televisión tenía que traerla de Estados Unidos o comprarla en la fayuca, porque las políticas proteccionistas habían desincentivado la producción de bienes. El consumidor tenía muy pocas opciones y esto era en detrimento de los más pobres. Hoy en día, gracias al modelo económico actual, los mexicanos tenemos acceso a una gran cantidad de bienes y servicios a precios muy competitivos que mejoran la calidad de oferta de lo que consumimos. Nos falta mucho para que estos beneficios le lleguen a todos los mexicanos. Pero no podemos redistribuir la riqueza de nuestro país si no hay riqueza para distribuir.

  1. No se puede eliminar la corrupción aliándose con corruptos.

Respecto de nuestro problema de corrupción, no puedo votar por alguien que pretende luchar contra la corrupción aliándose con los personajes más corruptos de nuestro país. Tampoco entiendo cómo pretende luchar contra la corrupción reduciéndole el sueldo a los funcionarios públicos —generando más incentivos para robar. En términos generales, he escuchado mucho que AMLO pretende luchar contra la corrupción, pero no he escuchado cómo.

Me repugna pensar que AMLO está aliado con el Partido Encuentro Social cuyo presidente ha declarado que el “matrimonio homosexual es una moda”

  1. Una izquierda intolerante.

En el tema social, tampoco tenemos una izquierda seria: me repugna pensar que AMLO está aliado con el Partido Encuentro Social cuyo presidente, Hugo Eric Flores, ha declarado que el “matrimonio homosexual es una moda”.

Por eso es que otra vez tendré que ejercer el voto útil, como todas las veces que he votado desde mi mayoría de edad. Espero algún día tener la oportunidad de votar por alguien cuyas propuestas realmente me convenzan, y cuyas propuestas realmente puedan llevarnos a un México más justo y equitativo. Porque me duele profundamente la desigualdad y la corrupción en mi país. Pero por lo pronto, y como mexicana que ama a su país, yo no me voy a dejar manipular con lo que más me duele.

FUENTE: HUFFINGTONPOST