El problema con el sentido común

Carlos Elizondo Mayer-Serra 

Para el sentido común la Tierra es plana. La evidencia disponible a nuestro alrededor confirma todos los días ese hecho. Tomó mucho tiempo vencer al sentido común y reconocer que la Tierra es redonda

Incluso con toda la evidencia disponible hay grupos empeñados en mostrar que es plana. Mike Hughes, quien vive en California, es miembro de uno de esos grupos. Su pasión es construir cohetes caseros para poder ascender en ellos y verificar cuán plana es, como un frisbee, dice. El pasado 25 de marzo logró ascender casi mil metros en uno de sus cohetes. Regresó feliz. Es plana. La vio con sus propios ojos.

El sentido común dice que hay que sacarle valor agregado al crudo. Así por lo menos lo cree y dice López Obrador. Tiene una cierta lógica. Por definición es mejor sacar valor a no hacerlo. Si la gasolina es más cara que el crudo, es de sentido común considerar que conviene transformar nuestro crudo en gasolina.

Esto, sin embargo, depende de cuánto cueste hacerlo. La última refinería construida en América Latina, fue en Pernambuco, Brasil, por Petrobras. La construcción inició en julio del 2007. Su costo estaba presupuestado en 2.7 mil millones de dólares. Siete años después no se había inaugurado y su presupuesto ya ascendía a 17 mil millones de dólares. Hoy estiman que estará terminada en diciembre del 2019. Con el sobrecosto no será fácil que pueda generar ni un centavo de utilidad por años, sin importar cuán bien operada esté.

Las refinerías ganan buen dinero en Estados Unidos, dirá más de uno. Sí, pero están bien administradas y el costo de inversión de las plantas ya se depreció hace años. La última refinería construida en Estados Unidos fue en el año 1977, en Louisiana.

Tan no es de sentido común construir refinerías que hoy cualquiera podría hacerlo en México y no ha habido empresario interesado en ello. Es muy alta la inversión para un proyecto de alto riesgo y baja rentabilidad, con la amenaza adicional de estar frente a una transformación tecnológica en la que el auto de gasolina irá siendo sustituido por el eléctrico. Si algún empresario optara por invertir en una refinería, sería su problema si no agrega valor. Si la hace el gobierno mexicano, el costo de destruir valor lo pagaremos todos los mexicanos por décadas.

Si AMLO gana la elección el 1 de julio, como las encuestas hoy indican, va a cumplir una de sus reiteradas promesas de campaña e iniciará por lo menos una nueva refinería. También hará otras muchas cosas que le dicta su sentido común.

Es de sentido común, dicen muchos, producir todo el maíz que consumimos. ¿Para qué pagarle a otro por lo que podemos hacer nosotros? La mala noticia para el sentido común es que el territorio mexicano es mucho menos productivo en granos que el de Estados Unidos, mientras que el nuestro lo es mucho más que el de ellos para producir aguacate y todo tipo de frutas y vegetales. Una hectárea de aguacate en México produce más dinero que una hectárea de maíz en Estados Unidos. La simple aritmética indica que lo razonable es seguir exportando aguacate e importando maíz.

Esto y muchas cosas más tratará de hacer AMLO si llega a la Presidencia. Ha sido claro que desea destruir el actual modelo económico neoliberal y regresar al desarrollo estabilizador. Acá el impulso dominante no parece ser el sentido común, sino una extraña nostalgia del pasado no muy distinta a la de Trump respecto a los Estados Unidos de los años cincuenta.

Dado el enojo de tantos mexicanos por el estado actual de las cosas, muy comprensible tras los escándalos de corrupción, una desbordada inseguridad y un crecimiento bajo y mal repartido, AMLO probablemente será elegido presidente, precisamente porque ha ofrecido que va a cambiar las cosas. Muchas de sus propuestas deben ser consistentes con el sentido común de millones de mexicanos. En una democracia, de eso se trata. Hacer lo que las mayorías quieren.

Si las encuestas no están dramáticamente erradas, muy pronto veremos cuáles de sus intuiciones tratará de imponer. También, veremos cuál va a ser el precio de confrontar un sentido común basado en intuiciones sin fundamentos con la terca realidad. ¿En cuánto tiempo se habrán convencido de que la tierra es redonda? ¿Qué precio pagaremos todos en la curva de aprendizaje? ¿O muchos subirán a ese cohete que será el nuevo gobierno y verán que la Tierra es plana? ¿O igual me llevo la sorpresa y resulta que la Tierra sí es plana, como muestra el sentido común contrario a toda la evidencia científica?

Ya veremos. Pero como decía Marx: “Si no hubiera diferencia entre la realidad y la apariencia no habría necesidad de ciencia”. Hay que ir retomando a los clásicos de izquierda.

FUENTE: EXCÉLSIOR