Los Calderón intentaron y quieren dañar al PAN

Jorge Miguel Ramírez Pérez

Hay quienes tienen una visión política equivocada de la vida y piensan que, si alguna vez fueron los jefes de los que les sirvieron, deben seguir siéndolo por toda la vida. Que deben aguantar su óptica como lógica y sus ofensas como trascendentes.

Y eso, aunque pasa en otros terrenos de la existencia, se nota más en la política; porque el liderazgo -se les olvida a los que no aprenden- sólo se mantiene cuando hay mando moral, no alegando derechos de antigüedad en el escalafón partidista, menos invocando compromisos extra partidarios inconfesables.

Los Calderón son de esa calaña. Se empeñaron en denostar a un partido, al PAN, que creían era de su propiedad, y en atribuirle descalificaciones a su candidato, Ricardo Anaya, para el que generaron toda suerte de desconfianzas y mala imagen con base en mentiras y apreciaciones sin objetividad.

Hicieron los Calderón el papel de sembradores de la confusión, pero más que todo demostraron una ambición sin medida y una subordinación al gobierno del PRI, que no les correspondía, si se trataba de hablar de honestidad política.

Hoy, a escasos días de la elección -gane o pierda Ricardo Anaya-, los Calderón no pudieron con él.

Pero por toda la serie de ataques y la falsa consigna de que Meade “ya va en segundo lugar”, incluyendo las encuestas compradas (es decir, a todas), los Calderón son de los que saben que lo de Anaya es, más bien, un inminente triunfo que procede a una etapa reflexiva de los votantes, y ahora deben querer regresar a un partido que ofendieron y que minimizaron. Porque ya planean que, ya sea de una u otra forma, el PAN los recibiría con los brazos abiertos, como si nada hubiera sucedido.

Eso no es posible porque se vuelven a equivocar, la lectura política de la suerte de Margarita no la debe buscar en el rechazo de Ricardo Anaya, como quiere hacer ver, sino en la reflexión de lo que proyectaron ella y su marido, no sólo a los panistas sino a México, siguiendo pautas erráticas durante su gobierno.

Porque lo de los Calderón no fue nada más mandar a Cordero a traicionar, basado en videos babosos, sino lo que se vio en el gobierno de los Calderón no fue un intento de reelección forzado, sino el papel, semejante a una marioneta manipulada por Genaro García, un informático convertido en estratega de ese gobierno que desató la dispersión de los grupos criminales seguramente dentro de una estrategia internacional, que no probó su efectividad.

Eso es lo que cuenta para todos. Porque como lo definiera Hobbes, en 1651, en el Leviathan, el principal problema del Estado es su seguridad. La que se les fue de las manos.

La frivolidad del manejo de la política interior con cinco secretarios de Gobernación, sin conocimientos suficientes de la política, y el mando absolutista y entrometido de una Patricia Flores desatada, son detalles que se conocen en los medios políticos solamente, pero fueron factores negativos.

Pero en lo que respecta al PAN, los Calderón desde el principio dictaron la desunión: arrasaron con los foxistas incrustados en la administración pública sin ton ni son, lastimaron a los que creían que estaban iniciando los cambios, y no me refiero a Martha Sahagún ni a los de los mapas mentales, que la debían por frívolos; sino aquéllos que los Calderón agarraron parejo y pusieron en la mira, cuadros medios y partidistas que fueron hostigados y echados a la calle, como si fueran de los partidos opositores.

En sí, la calderonada dividió al PAN desde el principio. Cuando nombraron a un Germán Martínez al frente de ese partido, un individuo intratable, mostraron que querían un partido calderonista, no uno blanquiazul. Lo hicieron, no pueden negarlo. Quieren uno todavía para ellos.

Pero los más recordado que hicieron los Calderón fue lo que, abiertamente, facilitaron para que regresara el PRI; porque fueron incapaces de frenar a los gobernadores corruptos y teniendo la información de las deshonestidades que se le imputaban todavía a Peña, como lo de la Casa Blanca desde el 2008, las ocultaron, se las comieron.

No sólo eso, trabajaron en el bloqueo a las precandidaturas a la presidencia. En ese terreno se llevaron al baile a todos. En Jalisco, para bajar a Emilio González, le voltearon al panismo local, porque, empecinados con Cordero, el que le hacía las presentaciones de laptop a Felipe, intentaron todo. Cuando Josefina Vázquez surgió precisamente porque no le vieron los panistas conexión subordinada a los Calderón, sencillamente la abandonaron.

Así fue que Margarita quiso ser líder de la fracción en la cámara por medio de una diputación, de las fáciles, de las plurinominales y los consejeros no la dejaron llegar.

Todo eso no dijeron. Sus argumentos de: “quítate tú para que me ponga yo” fueron pueriles y más aquéllos que, me supongo, intentaron con Peña, dejando entrever que, como habían dejado pasar a Peña, querían que ahora les devolviera la copa. ¡Si Chucha, cómo no!

Lo que sí les ha compartido el PRI a los Calderón es su prensa, porque así engañan queriendo demostrar que la dizque auténtica panista se va con Meade, el mismo que impuso Peña como Secretario de Hacienda con Calderón, desde que era candidato, para hacer lo que sabe: tapar los desfalcos que son el verdadero factor y las picardías de Odebrecht que compartieron sus jefes ambos.

Esas son las verdaderas razones por las que han incurrido en tantas traiciones y eso es lo que les quita el sueño, pensando lo que va a pasar si llega Anaya, porque con el Peje les alcanza la amnistía general que perdona delincuentes y políticos de la misma calaña.