La memoria edificada

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Por Jorge Díaz Bartolomé

 

Los centros históricos en el país son la evidencia física del desarrollo de las ciudades, principalmente en los siglos XIX y XX; su traza urbana, las dimensiones de sus calles, las antiguas casonas, las plazas públicas, así como sus iglesias nos dicen mucho de cuál fue la importancia económica y social de una localidad. 

La belleza que tienen los centros históricos de Puebla, Oaxaca, Guanajuato, Zacatecas, Tlacotalpan y la CDMX, por mencionar algunos, es un ejemplo de cómo deben ser conservados; esto indiscutiblemente ha dado la pauta para ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

Otras ciudades mineras en el bajío nos muestran el impresionante desarrollo que tuvieron en los siglos XVIII y XIX. La ciudad de Xalapa ha perdido la mayor parte de su memoria edificada, acentuándose esta problemática en la segunda mitad del siglo pasado. El centro histórico del Puerto de Veracruz está en ese proceso. Es una verdadera lástima ver como año con año, el deterioro urbano de Xalapa se intensifica, sin que alguna autoridad aplique el reglamento de Desarrollo Urbano, causando con ello daños irreversibles a la ciudad. 

En el caso particular de Xalapa, podemos decir que lo poco que le queda, por no decir lo único, es su peculiar traza urbana, producto de su orografía y de los caminos de origen prehispánico de antiguos causes de arroyos, provenientes de manantiales que todavía existen, como es el caso de las calles Juan Soto y Barragán, por citar algunas.

La traza de las calles del centro histórico de Xalapa como la conocemos hoy, quedó registrada por primera vez en el plano de 1776 “El pueblo de grande feria de Xalapa y perspectiva de su nuevo y lucido templo” de Manuel Nicolás de Ulloa. Independientemente del polígono del centro histórico de Xalapa, existe una declaratoria de zona de monumentos fechada el 20 de diciembre de 1990, la cual no se ha respetado; muchas veces por el desconocimiento de las autoridades municipales, que al fin de cuentas son ellos quienes otorgan los permisos correspondientes para alterar las fachadas, y en el peor de los casos, autorizar demoliciones. Increíble es que Xalapa siendo una ciudad del siglo XVI no lo parezca. Aquel esplendor arquitectónico de finales del XIX y principios del XX quedó registrado en aquellas imágenes de fotógrafos viajeros que se tomaron su tiempo para capturar instantes de una ciudad que no volverá. 

Sólo nos queda decir que no podemos vivir del recuerdo, pero si divulgar a las nuevas generaciones la importancia de preservar nuestro Patrimonio Material, que como nación hemos heredado, ya sea arqueológico, histórico o artístico. Nos corresponde a todos cuidarlo bajo la dirección de especialistas, para preservar su valor histórico, sólo así, podremos recuperar nuestro sentido de pertenencia, que tristemente es cada día más lejano.