Juan O’Gorman 1905 – 1982 

   

la foto del perfil de Jorge Flores, La imagen puede contener: 1 persona

Por Jorge Flores

    

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

  

El muralista que era arquitecto 

Juan O’Gorman es de los arquitectos que por su intencionalidad e intensidad se tiene que segmentar para poder comprender. En mi opinión, yo encuentro tres etapas e intencionalidades en su obra; La primera, el joven arquitecto funcionalista y radical que es uno de los que introduce el funcionalismo y el moderno en México; La segunda, el enorme pintor que fue; y su última etapa, su reinterpretación y regreso como arquitecto lleno de signos y simbolismos. 

En su primera etapa, O’Gorman era fiel discípulo del funcionalismo de Le Corbusier y Walter Gropius. Para él la arquitectura no se podía comprender sin la búsqueda de la máxima eficiencia con la mayor economía y con los medios mínimos. Como exponente de lo anterior podemos citar lo que son unas de las primeras obras del moderno en México; la casa que construyó a sus padres en 1929 y las casas de Rivera y Kahlo en 1931, que juntas conforman al día de hoy un excelente ejemplo del inicio del movimiento moderno funcionalista en México y sus obras más emblemáticas. Se trata de proyectos de una gran calidad, son el celo absoluto a la función representada en la arquitectura, es así que encontramos volúmenes obedientes de la función que representan, ventanas necesarias por esa búsqueda incesante de la luz y las instalaciones, el tinaco y los ductos que en conjunto conforman esa estética negada por O’Gorman, aun en la negación de cualquier pretensión estética, en su arquitectura se encuentra ese arte que difícil de definir, cualquiera lo puede distinguir. 

En su segunda etapa como pintor y artista plástico no puedo más que disfrutar su arte, me parecen extraordinarias tanto sus obras de caballete como sus murales, Buen ejemplo es su pintura “Ciudad de México” que es una perspectiva de la ciudad en 1947, donde se observa una composición cuidada al detalle, la perspectiva que nos da evidencia de su formación como arquitecto y el acabado obsesivo a la perfección. Así también sus obras murales “Retablo de la Independencia” en el Castillo de Chapultepec y por supuesto su obra mayor, los más de 4 mil metros cuadrados de mural en la Biblioteca Central de la UNAM. 

La tercera etapa y última es el regreso a la arquitectura a mediados de los años cincuenta con una propuesta arquitectónica más orgánica, dicen que inspirada en Lloyd Wright, a mi me evoca un poco más a Gaudí, y construye lo que sería su casa en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, en la que intenta integrar formas vernáculas, el detallismo y estructuras y técnicas constructivas modernas para lograr una arquitectura cultural, social y ambientalmente significativa. En lo personal, me parece que en ese intento de integrar y generar en todos los volúmenes y espacios significados, desnaturaliza la arquitectura y nos encontramos con edificaciones complejas y confusas.   

Se puede concluir que en su primera etapa tiene como obsesión retirar el ornamento y negar cualquier vínculo con el pasado. Se tiene que renovar el arte, proyectar y construir sin pretensiones estéticas. En su segunda etapa tenemos a uno de los mejores exponentes de la pintura mexicana del siglo XX y en su tercera etapa un arquitecto orgánico, complejo y simbólico. 

O’Gorman es un grande en la arquitectura y aun más grande en la pintura mexicana y después de todo, como él mismo decía: “en el funcionalismo está prohibido el ornamento en la arquitectura, pero no por ello me voy a quedar con los brazos cruzados.” 

Pocos hay que se pueden considerar indispensables en la arquitectura mexicana en siglo pasado y aun menos, los que además también lo son en la pintura, de ese tamaño es Juan O’Gorman.

 

Jorge Flores Mtz

Jorgeflores1mx@me.com