Lo que Trump no sabe de México

Donald Trump Donald Trump

 Me parece que las agresiones de Mr. Trump a nuestro país deberían obligarnos a plantearnos algo más que sentimientos patrioteros baratos, banderitas tricolores en nuestros perfiles de redes sociales y/o llamamientos a boicots a productos estadounidenses; no es la primera vez que somos el blanco de las agresiones de nuestro vecino del norte y la historia nos indica, claramente, que en cualquier momento las cosas se pueden poner peor.

Si somos honestos con nosotros mismos, muchas de las acusaciones que lanza groseramente Trump hacia nuestros paisanos, nosotros las replicamos para con los migrantes que tienen la osadía y, sobre todo, la valentía de cruzar territorio nacional. Es cierto que en nuestro país no tenemos contemplado construir un muro en la frontera sur, pero es igualmente cierto que, sin decidirlo, hemos cavado miles y miles de fosas donde descansan sin la menor justicia nuestros hermanos centroamericanos migrantes.

Así que, mejor pongamos atención, no vaya a ser que lo que nos parece aberrante de este señor, resulte ser el espejo donde vemos nuestro peor y más descarnad reflejo.

En estos últimos días he tenido el privilegio de platicar y de recibir cátedra sobre el tema de las agresiones de Trump de mi hija, una joven licenciada en Relaciones Internacionales, que en estos momentos se encuentra analizando cada una de las acciones y reacciones, tanto de México como de diversos países en todos los continentes.

En una de esas pláticas, me comentaba que siempre se debe evitar que la principal fortaleza de un país se convierta en su mayor debilidad; es decir, durante un cuarto de siglo nuestra fortaleza se basó en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y no fuimos capaces de construir en ese tiempo otros mecanismos que la cubrieran y disminuyeran la dependencia a un solo socio, y por supuesto, nuestra enorme incapacidad de evolucionar de país maquilador a uno donde se desarrolle tecnología e investigación de alto nivel.

Así que lo de Trump solo era cuestión de tiempo, si no era él, hubiera venido otro tarde o temprano. Simplemente es irresistible atacar al contrincante que está expuesto públicamente en la plenitud de sus debilidades. El mundo es una selva y no debemos pedir clemencia por nosotros, esa es la actitud de la víctima; como la del victimario es agredir.

Por otro lado, también me platicaba lo relativamente sencillo que es posicionar a nuestro estado y país en otros países, no se tratan, y ese es el encanto de los jóvenes, de ideas complejas o que requieran de inversiones multimillonarias, por el contrario, son planteamientos realmente sencillos, donde predomina el sentido común y el concepto de comunidad; me explicaba que Veracruz es reconocido en muchos países por jóvenes valores en las artes y en las ciencias que no tienen la divulgación debida y, que ellos mismos pueden ser el puente indispensable como embajadores de Veracruz y de México en el mundo, solo se trata de convocarlos con una buena idea y una mejor intención.

Tenemos dos opciones, hacer un llamamiento a la clemencia de nuestro agresor ante las naciones del mundo o ponernos a trabajar por un mejor país. Pero claro de vuelta a la realidad, nuestra representación, como veracruzanos, ante el mundo descansa en personajes como Fidel Herrera, quien hasta hace unos días era la carta de Veracruz en Barcelona; y su hijo Fidel Herrera Borunda, recientemente nombrado cónsul en Vancouver, Canadá, el principal puerto de uno de nuestros socios el TLCAN. Así, con eso, pues como.

Que el sentirnos agredidos se traduzca en un cambio de paradigmas de nosotros como país, se trata en este caso de una estrategia defensiva con el único medio que tenemos para combatir a la principal potencia militar y económica del mundo; debemos poner al frente, en la línea de combate de las ideas a los mejores jóvenes con los que cuenta nuestro país. Es ahora, en este momento, en que el tiempo es nuestro peor enemigo.